Opinión: Buen plan, mal ejecutado

Lea la opinión del periodista Rafael Lenín López

Por Rafael Lenín López

El pasado domingo, el gobernador Ricardo Rosselló anunció en Ceiba que, a partir de la semana que viene, se pone en vigor el nuevo sistema de lanchas entre la isla grande y las islas municipio. Se trata de la tan cacareada “ruta corta” que se ejecuta con una alianza con el sector privado que operará durante un año en lo que comienza una gerencia que se ocupe del sistema a largo plazo. La reacción debe ser, ¡por fin! Ya era hora que se atendiera la problemática transportación marítima entre Vieques, Culebra y Fajardo. Sin embargo, la manera accidentada en la que se manejó el anuncio augura, ojalá y no, numerosos contratiempos.

Muy bien por la administración Rosselló, por meterle mano al problema tras las promesas incumplidas de todos los gobernadores anteriores recientes. Pero creo que el anuncio no estaba maduro para realizarse, lo cual provocó más confusión de la que debía generar un tema como este. Parte esencial en la resolución de este problema es la gente afectada. Son esos miles de viequenses y culebrenses que necesitan moverse a la isla grande para buscar educación, suministros, atención médica y todo tipo de servicio. Fajardo ya era el municipio de entrada para ellos, por lo que toda una infraestructura se levantó en ese municipio: escuelas, universidades, oficinas médicas, supermercados, farmacias, centros gubernamentales, etc.

Ahora el punto de entrada a la isla grande de estos puertorriqueños se mueve a Ceiba. ¿Qué pasa allí? Sencillo. Llegarán a un lugar desolado, no desarrollado. Se encontrarán en el medio de la nada. De ahí, necesitarán moverse a Fajardo en pisicorres para continuar recibiendo los servicios o buscando los bienes que necesitan. 

Uno pensaría que todos estos asuntos estaban pensados cuando se hizo el anuncio el domingo. El lunes, al día siguiente, llamé, desde mi programa de radio, a todos los protagonistas para conocer los detalles. Entrevisté a los alcaldes, jefes de agencia y líderes comunitarios. Para mi sorpresa, el desconocimiento era total y la ignorancia reinaba entre todos. ¿Cómo es posible que ante tal anuncio no hubiese ocurrido antes un diálogo o una comunicación con los alcaldes impactados y su gente? A fin de cuenta, el Gobierno está para resolver los problemas al servicio de la gente y creo que aquí no se cumplió cabalmente con ese objetivo. No hay tan siquiera una expectativa concreta de desarrollos en la antigua base naval para toda esa comunidad que se trasladará a la zona. Lo más que se anunció fue un complejo de apartamentos turísticos y, anteriormente, se había hablado de otros proyectos pequeños, como un centro de equitación para atender problemas de salud como el autismo. No hay tan siquiera una comunicación directa con las poblaciones impactadas sobre qué les espera a partir de la semana que viene, como, por ejemplo, los costos de sus traslados en la isla grande a las zonas a las que necesitan llegar.

Es un buen plan mal ejecutado. Las poblaciones de Vieques y Culebra necesitan una atención y sensibilidad particular porque han sido maltratadas por distintos actores, que ya conocemos, de los Gobiernos local y federal. Además, ambas islas municipio deben ser nuestras joyas de la Corona en lo que a desarrollo turístico se trata, y lamentablemente, todo ha dependido de los esfuerzos privados que han encaminado empresarios con visión, mayormente extranjeros. Los terrenos desmilitarizados de Ceiba también deben ser prioridad de desarrollo. Al parecer lo es, en este momento, para el Departamento de Desarrollo Económico, después de que las administraciones gubernamentales se entretuvieran por los pasados 15 años en estudios que no resolvieron. Se trata de un asunto que nos incumbe a todos. Todos, o casi todos, me imagino, hemos usado esas lanchas y nos preocupa lo que pasa en esa región.

El sistema de transporte marítimo para Vieques y Culebra, símbolo de la incapacidad gubernamental por las pasadas décadas, ahora cambia, y el Gobierno de Rosselló está a tiempo para ejecutar bien un plan mal anunciado.

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