Bajo asedio la prensa

Esta columna expresa solo el punto de vista de su autora.

Por Mariliana Torres

Hay que prestarle atención a lo que está ocurriendo en Nicaragua. Quizá usted piense que no nos incumbe, pero sí, nos atañen las circunstancias que han ocasionado lo que se considera la peor crisis política que ha vivido Nicaragua desde 1990. Lamentablemente, la grave situación de violencia ha dejado 300 muertos. 

Los fallecidos tirados en las calles son víctimas de la represión de un régimen que no quiere atender los gritos desesperados del pueblo. Uno de los sectores más golpeado es, precisamente, la prensa. Diariamente, decenas de periodistas son perseguidos para evitar la publicación de información que comprueba la comisión de delito por parte del sector gubernamental.

El periodista Ángel Gahona pagó con su vida el intento de cobertura de una protesta en contra de la administración de Daniel Ortega. Fue el pasado mes de abril mientras transmitía en directo por Facebook cuando fue baleado en la cabeza.

Una verdadera escena de horror se vivió luego de que los protestantes de la reformas de seguridad social presenciaran el asesinato de un miembro de la prensa por el solo hecho de transmitir una información que no era del agrado del Gobierno a través de un medio digital mundial. La violencia ha incrementado en las calles del país centroamericano. Nicaragua bajó dos puntos por la peligrosidad que implica la cobertura y por la falta de recursos para acceder a información gubernamental clasificada como pública.

Es este último renglón el que nos debería despertar el interés por conocer cuáles son las violaciones de ley, por qué el Gobierno no quiere que la prensa acceda a informes y, por ende, los publique. Cada una de las marchas en el país centroamericano tiene el propósito de exigir la renuncia de su gobernante, Daniel Ortega, ante los atropellos y frustraciones de un pueblo.

Es evidente la crítica situación social creada por la fragilidad de un sistema político opresor al cual se le acusa de asesinar a decenas de personas simplemente por pensar diferente. Para que se pueda publicar la verdad se necesita una herramienta indispensable en periodismo: acceder a documentos.

Esa lucha que también libran organizaciones de prensa en Puerto Rico para hacer valer la ley de libertad de información y prensa. Lo que es ley se ha convertido en un especie de desafío, pues a estas alturas personas instruidas no pueden diferenciar entre lo público y lo privado, y colocan el pie para evitar entregar documentos. En Nicaragua, los periodistas con garras trabajan independientemente. Solo así han logrado obtener información para sus investigaciones. También los medios de comunicación grandes han recibido advertencias. Es decir, son múltiples los intentos de seducir a la prensa para que publique lo que el Gobierno promueve, aunque ello implique falsedades y servicio a una ideología. Lo que les convendría a los Gobiernos es que la prensa se agache y se abra a la propaganda. Si ello sucediera, se deja de hacer periodismo para permitir prácticas repugnantes y antiéticas.

La responsabilidad del periodismo es la fiscalización y la búsqueda de la verdad, aunque implique denunciar los abusos de poder de gobernantes. Menciono la grave situación de Nicaragua para que se pueda contextualizar que los problemas de la prensa latinoamericana son iguales en casi todos los renglones cuando la premisa implica acceder a la información gubernamental para publicar la verdad.

Los ciudadanos tienen derecho a fiscalizar las medidas gubernamentales, pero necesitan los mecanismos. Si le niegan los documentos a un periodista, también esa herramienta se la niegan a usted. Ya es hora de que el periodista pueda demostrar con documentos la verdad de su trabajo. Los documentos son apoyos esenciales en todas las investigaciones responsables.

Exigir lo que por derecho corresponde es una buena práctica periodística. El desafío del periodista también incluye vencer nuestros propios miedos. Es inevitable sentirlo, pero esa verdad que se busca representa la esencia de la supervivencia del periodismo. La tenacidad es lo que sostiene al periodismo en tiempos en que el trato hostil contra el profesional de la información parece la norma.

 

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