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Columna de Renata Beca: Todos podemos ser Alexandria

La abogada y anfitriona del podcast Puestas pa'l Problema, Renata Beca, reflexiona sobre la figura de Alexandria Ocasio en la política estadounidense

Cuando primero tuve la oportunidad de colaborar en este espacio, hablé de la importancia de la representatividad femenina en el ámbito político. Nunca imaginé que meses después una mujer boricua de 28 años  de edad, tomaría el mundo político por sorpresa y pasaría a convertirse en una de las mujeres políticas más importantes de este 2018. Hablo de Alexandria Ocasio Cortez, quien el pasado 26 de junio ganó la primaria demócrata en el distrito congresional  14 de Nueva York. En una hazaña histórica, ella le ganó al titular Joseph Crowley que llevaba siendo representante por más de diez ciclos electorales.  

Alexandria es una joven boricua nacida en el Bronx que posee un bachillerato en economía y relaciones internacionales de Boston University. En el 2008 Alexandria sufrió la muerte de su padre a causa de cáncer de pulmón. Desde el momento de esa muerte, Alexandria ha tenido múltiples trabajos para ayudar a su familia a salvar su casa. Una vez que se graduó de la universidad, Alexandria se desarrolló como líder comunitaria y trabajó con los más necesitados, es así como conoce a la perfección su barrio y su comunidad.  En el 2016 ella pasó a trabajar como voluntaria de la campaña del entonces candidato demócrata, Bernie Sanders,  donde recorrió Estados Unidos en búsqueda de votos para Sanders.

Resalto la trayectoria de Alexandria con un propósito claro.  El día después de que Alexandria gana la primaria demócrata mucha de la cobertura mediática que empezó a surgir sobre su figura, la pintaba como una Cinderella política. Pero la realidad es otra, Alexandria llevaba toda su vida adulta preparándose para este momento. Ella conocía de primera mano las necesidades de sus vecinos del Bronx y de Queens y entendía la importancia de escuchar y hablar con la gente de  “a pie.” Alexandria tocó más de quince mil puertas durante su campaña y según ella misma publicó, quemó la suela de sus zapatos hasta que estos no sirvieran más. El arduo trabajo de Alexandria rindió frutos; ella logró derrotar a la maquinaria demócrata y ganarle a Crowley a quien se le considera parte del “establishment” demócrata. Es casi seguro que en noviembre de 2018 Alexandria ganará la silla en su distrito y se convertirá en la congresista más joven de Estados Unidos. 

Para las mujeres jóvenes puertorriqueñas y para las latinas, la victoria de Alexandria representa un importante hito en la lucha por la igualdad y la representatividad. Finalmente, tenemos a alguien que se parece a nosotras (¡que hasta usa lipstick rojo!) ocupando un rol importante en la escena política americana. Pero más allá de esto, Alexandria es la prueba fehaciente que se puede hacer cambio desde adentro. Ella le ganó a toda la maquinaria demócrata con poco dinero recaudado, pero con mucho esfuerzo. 

En Puerto Rico llevamos ya varios ciclos eleccionarios discutiendo cómo nuestros partidos tradicionales no sirven y cómo estos son los culpables de la crisis. No pretendo analizar este tema,  pues ello conllevaría un libro, pero me parece que sentarse a esperar a que nuestro sistema político cambie, no es práctico. Por ello, quizás deberíamos de tomar el ejemplo de Alexandria e intentar hacer cambio desde adentro. Hay que atreverse, como ella lo hizo, a retar a las maquinarias políticas y allegar sangre nueva y moderna a nuestros partidos tradicionales. Si hace un trabajo de base como el que ella hizo, donde se escucha a las comunidades y se camina a lo largo y ancho de los barrios de Puerto Rico, creo que no sería imposible para candidatas nuevas y diferentes,  ganar primarias partidistas. 

Por mi parte, conozco a muchas mujeres en Puerto Rico con trayectorias muy similares a las de  Ocasio Cortez.  Estas mujeres que me vienen a la mente,  llevan años siendo organizadoras  y líderes comunitarias que  luchan incansablemente por los más necesitados de nuestra isla. Mi deseo es que la victoria de Alexandria sirva de inspiración para una vez y por todas retar a las maquinarias partidistas en Puerto Rico, ganarles  y así ocupar los espacios que nos pertenecen y lograr el cambio político que tanto anhelamos. 

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