Periodistas mundialistas

Lea la opinión de la reportera Mariliana Torres

Por Mariliana Torres

Entre goleada y goleada podemos llevar a cabo un ejercicio de participación para conocer a cuántas mujeres periodistas deportivas les han dado la oportunidad de cobertura en el Mundial que se celebra en Rusia. Se pueden contar con los dedos de las manos. Se ven féminas que no son periodistas animando en tal plaza o presentando a los periodistas deportivos varones, pero mujeres periodistas especializadas apenas se notan.

Como soy seguidora de noticiarios especializados, como son los deportivos, puedo asegurarles que hay una escasa presencia de mujeres periodistas en este mundial de la FIFA. Debería pensar que es que hay más varones que mujeres especializados, pero no es así. La realidad es que las oportunidades para constatar que son especialistas profesionales son pocas. Todavía existe el falso concepto de que las disciplinas deportivas las cuentan mejor los hombres. Ese trato desigual que observamos en el soccer o fútbol es sexista y discriminatorio. Cabe destacar que, en la cobertura del fin de semana del llamado fútbol o soccer mundialista, observé la voz de una destacada analista deportiva de Argentina que luchaba como si fuera Guerra de tronos contra dos locutores que apenas la dejaban hablar. Sus acertados comentarios le valieron, en varias ocasiones, la desautorización de los envalentonados varones. Pero, sagaz y muy bien preparada, sacó sus estadísticas y se adueñó del micrófono con datos contundentes al punto de que uno de ellos tuvo que aceptar que ella tenía la razón. A estas alturas es necesario armarnos de la educación y el talento para poder ejercer nuestro trabajo.

Y hablando del sexismo hago hincapié de la manera constante en que se hace referencia de la belleza física o la falta de atributos de las periodistas deportivas. Para demostrar sus capacidades profesionales, no hay que enseñar las partes del cuerpo ni mucho menos hay que insinuarse con atrevidos atuendos y, mucho menos, tocar o besar al entrevistado. Tan pronto comenzó el Mundial de fútbol en las redes sociales se destacaron dos situaciones indignantes contra dos mujeres periodistas. Ambas fueron hostigadas sexualmente por hombres fanáticos que presenciaban la transmisión televisiva. La insistencia de ellos por llamar la atención los llevó, idiotamente, a interrumpir la transmisión para plasmar un beso a la periodista mientras la agarraban fuertemente. Tamaña sorpresa se llevó uno de ellos cuando la periodista le exigió fuertemente respeto y le dio el discurso de la vida frente a la cámara. El atrevido fanático desfalleció y pidió disculpas. Muy bien por ella, porque se dio a respetar.

En esos eventos deportivos se va a trabajar y no a satisfacer las necesidades o expectativas de los espectadores varones. Los estereotipos en las profesiones son ofensivos. Fíjese bien que es usual que aparezca una mujer joven y con buena apariencia física, siempre de pie en un ángulo que se noten las nalgas, tratando temas poco importantes. Por ello, destaco las mujeres valerosas de Irán que, por primera vez en la historia, el 20 de junio, asistieron como espectadoras al partido de su selección nacional contra España. Tuvieron que esperar 37 años para que se les permitiera entrar en un parque. Sí, en pleno siglo XXI, observamos por televisión en directo la lucha por la igualdad de género y la discriminación hacia la mujer. El territorio de los hombres fue “invadido” por las mujeres valientes que mostraban con orgullo su bandera. Falta mucho aún por hacer, porque las imágenes que mostraban las mujeres iraníes en el estadio se censuraron en su país.

Es importante destacar que los medios de comunicación en ocasiones contribuyen a la continuación de esas prácticas inadecuadas de género. Si la periodista acepta esas diferencias, en lugar de predominar por su profesionalismo y capacidad, también está contribuyendo a perpetuar la discriminación en los medios de comunicación. No seamos ingenuos. Cada vez que se destaca el físico de una mujer frente a su capacidad se benefician los intereses económicos de personas, mientras la profesional se marcha a su casa oprimida y en desigualdad. Promover el aumento de la presencia de las periodistas deportivas constituye transformar el orden del género en la comunicación.

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