Vieques y su tragedia permanente

Lea la opinión de Julio Rivera Saniel

Por Julio Rivera Saniel

La indiferencia de los ciudadanos y el Gobierno con respecto a los hermanos de Vieques y Culebra no solo es irresponsable e insensible, sino discriminatoria y abusiva. Repetirlo me hace caer en la posibilidad de la cantaleta, pero no encuentro de otra.

A los históricos issues de transportación deficiente, falta de recursos y oportunidades de trabajo y desarrollo económico, ahora se suma la catástrofe de su sistema de salud. Y usted dirá —con toda la razón del mundo— que el sistema de salud de Vieques nunca ha sido eficiente. Estipulado. Pero, sin duda, tras el paso de María ha venido a peor. Sobre todo, cuando se trata de los pacientes de diálisis. En Vieques no hay clínicas permanentes para atender a los pacientes dialisados. Y si usted vive en, digamos, Jayuya, probablemente dirá: “Aquí tampoco tenemos”. Pero, a diferencia de usted, que vive en Jayuya, Río Grande o cualquier otro municipio de la llamada Isla Grande, en Vieques, la opción es no recibir el tratamiento. A diferencia de quienes vivimos en este “lado del charco”, que podemos agarrar un carro o una guagua, y movernos al municipio más cercano para recibir nuestros servicios de salud, los viequenses no pueden, entre otras cosas, porque viajar en avioneta  supone un precio prohibitivo y porque su sistema de ferry es, simplemente, ineficiente.

Y mientras el tema se discute y se rediscute en la Legislatura, donde se ha añejado sin resultados que, realmente,  cambien las circunstancias o —en definitiva— resuelvan el problema, los viequenses están abandonados a su suerte.

Hoy, mientras usted lee estas líneas, el Estado no solo no tiene un centro para tratar a pacientes de diálisis en la Isla Nena, sino que no garantiza que los ciudadanos que requieran ese tipo de tratamiento puedan ser tratados en algún otro lugar.

Según una investigación del representante Dennis Márquez, los pacientes viequenses que quieran seguir recibiendo sus tratamientos deben costear los servicios o, en su defecto, recurrir a organizaciones sin fines de lucro que han ocupado el lugar del Gobierno y están pagando los traslados de los pacientes a clínicas en Humacao.

De esa forma, fundaciones como ViequesLove o Americares han corrido con los gastos necesarios para garantizar  tratamiento a los pacientes renales. Más recientemente, según publica el periódico El Nuevo Herald, Unidos por Puerto Rico  se comprometió a cubrir los gastos del Consejo Renal de Puerto Rico para los viajes de pacientes de diálisis por los próximos 5 o 6 meses. Sin duda, un paso que debe aplaudirse y que garantiza la continuidad de tratamiento de los viequenses.

Pero ¿qué pasará después de esos 6 meses? ¿Tiene el Gobierno un plan para proveer los servicios de manera permanente en la isla municipio? ¿De qué forma?

Sobre esto ultimo, en el récord solo hay promesas incumplidas. El secretario de Salud, Rafael Rodríguez Mercado, dijo en una entrevista con fecha de marzo, mientras visitaba Washington DC, que se estaba trabajando para traer  unidades de diálisis móvil que deberían llegar en un período de entre cuatro a seis semanas. Pero el tiempo pasó y la isla municipio sigue sin una solución permanente. Y esa, señores, es la gran tragedia de Vieques. Sus problemas son ampliamente conocidos, abiertamente discutidos, pero relegados a estatus de anécdota sin importancia.

De esas que todos saben, pero a nadie realmente le importa. Condenada al “estudio” permanente y la constante “vista pública”, para discutir una y otra y otra vez lo que todos saben, pero nadie resuelve.

¡Si tan solo pasáramos de las promesas y el análisis a la solución de los problemas! ¿El primer paso? Combatir la indiferencia que, en el caso de Vieques, como en tantos otros, nos convierte en cómplices por omisión.

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