Cómo pasa el tiempo...

Lea la opinión de Rafael Lenín López

Por Rafael Lenín López

Aquel 22 de agosto de 2006 en horas de la tarde, la habitación del Auxilio Mutuo que nos asignaron estaba llena de familiares y amigos. Todos nos celebraban el nacimiento de Rafael Antonio. Con la conmoción, tenía poco tiempo para asimilar el momento. Las conversaciones y los relatos que había que repetir sobre el momento del parto me dejaban poco espacio para pensar. Tenía que repetir los datos de peso y medida a cada minuto, precisar la hora a la que habían comenzado las contracciones, y dar cada detalle. Al mismo tiempo, atender a una emocionada madre que, a su vez, tenía un dolor físico que los hombres desconocemos, recibir canastas y, lo más importante, estar pendiente del bebé que, en ese momento, le entregan a uno sin advertencias o instrucciones mayores. Todo esto sin ofensa para los que estaban allí aquel día. Se trata de la escena común después de un parto. En medio de esa escena que aturde un poco, había una frase constante de los visitantes que, hasta les confieso, llega un momento en que es molestosa, porque, precisamente, quienes lo dicen están evitando que se haga lo que se pide. Ese llamado que se escucha después de un parto es: “Disfrútatelo a cada segundo, porque el tiempo pasa rápido… Crecen a las millas, en un abrir y cerrar de ojo, ya son adolescentes y los pierdes”.

En ese momento uno recibe la frase como todo un cliché esperado al que se tiene que responder con una sonrisa de cortesía. Hoy me doy cuenta de que tenían razón. Antes de ayer, Rafael Antonio terminó su escuela elemental y, en agosto, iniciará su séptimo grado. ¡Increíble! Como aquellos primeros días, Rafa sigue siendo el chico noble que hemos pretendido que sea. La tarea que nos dio la vida a Priscilla y a mí la hemos asumido con mucha responsabilidad, de seguro con algunos pequeños errores que no recuerdo, como papás primerizos que éramos hasta que, hace cuatro años, llegó la fabulosa Lena a nuestras vidas para completar el entorno familiar.   

Pero como se trata de una reflexión que quiero compartir con ustedes en el contexto de la culminación de una etapa de su vida escolar, esa responsabilidad asumida por nosotros como papás no hubiera sido posible realizarla sin la ayuda de un equipo de maestros con verdadera vocación. Nunca había comprendido la vocación magisterial como la he vivido en estos pasados seis años de esa primera etapa de la escuela formal. Ellos han estado de su lado. No los menciono para no dejar a ninguno fuera, pero todos ellos saben quiénes son y también saben que están muy presentes en nuestras vidas.

Ya muchas amistades me han hecho comentarios como los escuchados en aquel cuarto del Auxilio en 2006. “Ahora la cosa aprieta… Ahora la cosa se pone sabrosa, prepárate”. A ellos, sepan que tomo sus comentarios muy en serio al constatar que aquel primer bonche de consejeros tenía razón. Nos preparamos con mucha seriedad, entusiasmo y hasta sentido de aventura, de cara a la nueva etapa que nos espera. Él anda muy emocionado y consciente de lo que viene. Eso es importante.

Criar chicos en estos tiempos es retador. Más aun, hacerlo en el momento histórico en el que se encuentra Puerto Rico y querer seguir haciéndolo en nuestro país es un desafío. Por eso, esta tarea de vida requiere de un mayor compromiso. Esa entrega a las generaciones que se levantan tiene que ser incondicional y, por ello, no solo debemos luchar cada día por su bienestar, sino por un mejor país. Esa sociedad a la que aspiramos se consigue si todos nos entregamos a los niños y jóvenes para asegurar que se atiendan sus necesidades. Ser responsables en los hogares, sea cual sea la composición, es importantísimo. Que impere el amor no importa las dificultades que se tengan debe ser el norte. Pero, sobre todo, esa aspiración individual y colectiva se consigue si todos seguimos luchando por mantener un sistema educativo de calidad, mejorándolo, ampliándolo, y no cerrando las oportunidades educativas. En el amor y la solidaridad que inculquemos en nuestras casas, y en la educación que se provea en el país, está el comienzo de una mejor sociedad. Rafa, te amo.

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