¿Cómo podemos agrandar la mecha?

Lea la opinión de Marta Michelle Colón

Por Marta Michelle Colón

Las razones para estar tan alterados y tener la mecha corta pueden ser bastantes obvias. Sin embargo, alterarse, pelear y discutir no pueden ni deben convertirse en el día-a-día. Escuchamos los alterados en la radio, los vemos en la tele, los experimentamos en nuestro lugar de trabajo y, peor aún, en la calle, cuando felizmente nos tomamos una café o manejamos de camino al trabajo.

Hay personas que parecen imperturbables en momentos caóticos y de alta presión (mi marido es así),y entonces está el resto de nosotros. Entre los posibles factores que influyen en nuestro acaloramiento está la predisposición genética a la ansiedad o a la química cerebral —incluyendo la adrenalina y el cortisol. Pero porrrr favorrrrrr, esto no es excusa para pelear, en vez de volar.

Para aquellos de nosotros cuya compostura tiende a huir a la primera señal de problemas, podemos aprender a permanecer “con la cabeza en su lugar”. Estrategias pensadas, antes de una situación de presión pueden ser muy útiles en eventos que podemos anticipar (el tapón, una reunión, una persona desagradable, un “sabelotodo” con iniciativa, y los que pelean porque les debes $0.01). ¿Qué podemos hacer?

1. Centrarse en el ahora

Nuestros cerebros están diseñados para anticipar lo negativo. Cuando se presta atención a lo que se puede controlar y se rompen los problemas en tareas pequeñas y fáciles, la mente se convierte en aliada. Cada vez que resolvemos uno de estos problemas, se eleva nuestro estado de ánimo y sentimos mayor confianza. Eso puede convertirnos en “imperturbables” mucho más rápido que “peleones”.

2. Repensar cómo pensamos

Cambiar la forma de pensar lo cambia todo. La perspectiva es lo que determina cómo se maneja una situación de alta presión. Al final del día, nosotros decidimos cuánto permitimos que las cosas nos afecten, sobre todo cuando nos rodeamos de personas que les encanta el conflicto, la controversia; y la actitud negativa es parte de su atuendo diario.

3. Hablarlo (pero no tanto que mareemos a otros)

Tendemos a lidiar con situaciones estresantes de dos maneras: no hablar con nadie (solo apretando la mandíbula) o hablándolo con demasiada gente. Cuando tenemos estrés o alguna molestia, y los contamos a más de cinco personas para encontrar soluciones —exceso de crowdsourcing—, o peor aún, lo contamos por contarlo, no lo resuelve. Incluso, lo agrava cuando no nos preparamos para los consejos contradictorios. Nos podemos desahogar, pero no ahogar.

4. Respira y déjalo ir

En ocasiones, cuando una situación de crisis termina, se deja la lucha en on. ¿Cuántas personas conocemos que se quedan atascadas en molestias que se sienten por algo que ocurrió hace siglos?  ¿Qué pasan horas y días creando estrategias sobre cómo hacer sentir a otros mal? Y después se preguntan por qué no duermen bien, engordan, les salen canas, y sus relaciones sociales y familiares se afectan.

Cuando la mecha deja de ser corta, manejamos nuestro diario vivir con una actitud ecuánime y pensada. Después de todo, no sabemos si aquel con quien tenemos el arrechucho, le tocamos en exceso la bocina en la carretera o tratamos continuamente de hacerle daño, se puede convertir en nuestro próximo jefe, vecino o padre en la escuela de nuestros hijos. ¿Verdad, Rafa?

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