Válvula de escape

Lea la opinión de Rafael Lenín López

Válvula de escape

Trabajadores sociales y profesionales de la conducta humana han estado hablando del término válvula de escape al analizar la situación en la que se encuentra Puerto Rico. Dicen que nuestros compatriotas, a diferencia de ciudadanos de otros países en crisis, tienen una salida fácil a los problemas, cada vez más serios, y que por eso no se observa la violencia que en otros lugares vemos ante coyunturas similares. Nuestra válvula de escape es el aeropuerto. Y es que nuestra situación política permite una movilidad particular hacia los estados del norte, y es ese pasaje aéreo barato el que le ha dado la sensación a muchos boricuas de que el problema ha sido resuelto. Sin embargo, la solución a la crisis tampoco ha sido encontrada allá por muchos, al punto de que cientos de familias permanecen trágicamente varadas en moteles de Florida a punto de ser desahuciadas porque no encuentran la vida de ensueño que salieron a buscar. Es esa vida que hace décadas venían a buscar aquí los dominicanos que llegaban en yolas. Ya eso no pasa, y son los boricuas los que andan buscando “la visa para un sueño”.

Esa válvula, que cada vez se cierra más, es la causa del episodio que vivimos antes de ayer. Los boricuas vienen cargando desde hace 12 años con una depresión económica, hace ocho meses con una recuperación ficticia tras el paso de los devastadores huracanes, y ahora, como si fuera poco, el Gobierno de facto que representa la Junta de Control Fiscal anticipa una etapa más dolorosa con el plan fiscal que quieren ejecutar para los próximos cinco años.

Previo a la aprobación de la ley federal PROMESA que creó esa Junta, el juez del Primer Circuito de Apelaciones de Boston, el puertorriqueño Juan Torruellas dijo: “Si el Congreso continúa en el camino que está forjando, si PROMESA es un reflejo de sus intenciones con Puerto Rico, debe ser consciente de que sus acciones abusivas no desencadenarán desobediencia civil o resistencia, sino radicalización o violencia directa como la que Puerto Rico vio en los treinta, cuarenta y cincuenta…”  El Juez hizo esta advertencia en abril de 2016 sin anticipar el golpe adicional que representaron Irma y María.

Llevamos dos años de protestas violentas mal manejadas por la Policía. La violencia con piedras, canicas, tubos y supuestas bombas de ácido frente a guardias armados hasta los dientes con granadas, gases, macanas, armas de todo tipo, chalecos, cascos, máscaras antigás y la adrenalina hormonal, que no necesariamente provoca el gimnasio, parecería desproporcional a la realidad de la vida violenta que viven y esperan vivir los boricuas, muchos sin luz, agua o servicios básicos.

Creo que todos tenemos que ser conscientes de esto, empezando por el Estado cuando se prepara para escenarios como el del pasado 1.o de mayo. La intensidad demostrada por las fuerzas oficiales el martes debe replicarse para atender otros tantos problemas como, precisamente, el crimen o nuestra economía. No se trata de apoyar la violencia, sino de que todos actuemos con la sensibilidad necesaria ante la situación del país y no reaccionar como máquinas o como dice el manual. El manual hace tiempo cambió; caducó para nosotros.

La sensibilidad también tiene que aplicarnos a los periodistas. He visto cierto afán de protagonismo de ciertos colegas tras los incidentes, alegaciones de ataques a la prensa, fanfarrias exageradas por coberturas excepcionales, y durante los eventos, narraciones erráticas, apasionadas de un lado o el otro, y faltas de contexto o de profundidad. El país también necesita una comunicación pública inteligente y profunda. No estamos para vanalidades o para seguir creyéndonos que somos la noticia. Los ataques a un periodista pueden denunciarse si fueron dirigidos para limitar el ejercicio libre de su profesión. De lo contrario, son situaciones a las que estamos expuestos mientras cubrimos conflictos tensos como estos.

La válvula de escape se sigue cerrando, aun cuando el aeropuerto sigue abierto. Entendamos que la polarización ideológica que raya en el fanatismo ya no nos llevará a ninguna parte. Si no entendemos eso, la válvula pronto explotará.