Mirando fuera del ombligo

Lea la opinión de Julio Rivera Saniel

Por Julio Rivera Saniel

Para los ciudadanos de un país como el nuestro, existen retos constantes. Pero para acometerlos con éxito es preciso reconocer que existen. Dos de esos retos son el insularismo y lo que me gusta llamar la “cultura del colonizado”

En el primero de los casos, se trata de una situación propia de nuestra condición geográfica. Una nación rodeada por agua, sin fronteras físicas, en ocasiones hace que sus ciudadanos se enquisten. Que vean el mundo y sus propias circunstancias solo desde su entorno. Así nuestros problemas parecen más grandes porque no conocemos los problemas de los demás. Nuestros defectos nos parecen increíbles o únicos porque simplemente no conocemos los de otros. Y si al insularismo añadimos que hemos sido territorios subordinados primero a España y luego a los Estados Unidos, logramos una combinación tóxica. Nos pensamos “menos”. Menos capaces, menos eficientes, menos educados. Menos. Lo mejor siempre lo tiene el “otro” y, en nuestra mentalidad colonial, ese otro siempre es Estados Unidos.

Yo, desde que tengo conciencia de esos dos factores limitantes, procuro combatirlos. Con mirada curiosa; cuestionandomelo todo. Mirandolo todo con curiosidad y juicio crítico. Reconociendo y señalando los espacios de mejoría pero sin lapidar nuestra realidad que, después de todo, está lleno de buenos ejemplos. De esos que incluso han servido de modelos de clase mundial.

Precisamente en ese ánimo de búsqueda constante, mis más recientes vacaciones no solo han servido de un necesario paréntesis dominado por el oscio. La búsqueda de la que les hablo siempre estuvo allí. Y como el que busca encuentra, en definitiva encontré modelos que -desde mi punto de vista- ayudarían a alcanzar esa tan buscada recuperación que debe convertirse en asignatura obligatoria de todos. No solo si no también a pesar de gran parte de nuestra clase política.

Buscando encontré de todo. Empezando por modelos de desarrollo urbano como el de Barcelona. La ciudad contal parece haber encontrado la fórmula para un balance entre la conservación efectiva de sus espacios históricos y la construcción de nuevos espacios urbanos que responden a las necesidades de la sociedad actual.

Aceras ámplias que promueven un menor uso del carro. Un sistema de transporte realmente integrado en el que el metro, el tren liviano y los autobuses llegan a la hora prevista y en donde un boleto de viaje es válido para más de un tipo de transporte colectivo en un espacio de hora y media.

En Madrid, Barcelona y Roma también es ya distendido el uso de un sistema de bicicletas urbanas establecido por el estado que pueden ser utilizadas por los residentes (previa subscripción y pago mensual) para moverse dentro de los espacios urbanos. Con “estacionamientos” dispuestos en toda la ciudad, de suerte que la bici se agarra en un punto y se deja en otro sin problema.

En Barcelona también vi con agrado como el gobierno reserva en determinadas zonas de nuevo desarrollo un 15 por ciento de las tierras para que sean utilizadas solo para vivienda pública. De esa forma se garantiza mayor cantidad de vivienda a un costo accesible a la clase trabajadora e incluso la posibilidad de que ciudadanos agrupados en cooperativas desarrollen proyectos de vivienda que permiten precios a la mitad del costo en el mercado.

En esa misma ciudad se ha pasado legislación que penaliza a los bancos y dueños de propiedades por dejarlas vacías y sin alquiler. De esa manera, y con el cobro de un impuesto por propiedades despcupadas, el estado espera incentivar precios más accesibles a vivienda de alquiler y menos edificios que de convierten en estorbos cuando -en contraste- existe necesidad de vivienda.

Por este lado del mundo también reconfirmé una teoría que me acompaña desde hace algún tiempo: la necesidad de revisar nuestro modelo turístico y la búsqueda de nuevos visitantes. Europa ha capitalizado con la buena racha económica de China, país del que no solo ha logrado inversión si no miles de visitas. Los chinos tienen dinero y buscan dónde gastarlo.

¿Que tal si se gastan algo en Puerto Rico?

También vi cómo los viajeros se interesan cada vez más por turismo ecológico y de integración con la naturaleza (islas Maldivas, Costa Rica) y menos en el turismo de hoteles de cemento y “aire acondicionado”. ¿Cumple nuestro destino con esos requisitos? ¿Busca la isla turistas fuera de la costa este de Estados Unidos?

A lo anterior, una mirada sobre los elementos comunes de los grandes destibos de Europa devela ciudades con amplia oferta comercial y cultural. Pero no solo en los teatros y centros comerciales sino en sus cascos urbanos y calles. La música y el arte en todos los sentidos se respira en las calles de ciudades como Roma, Madrid, Barcelona, Florencia o Sorrento. Y también las compras con múltiples mercados urbanos ocupados por pequeños comerciantes y una oferta atractiva y de calidad.

En medio de nuestra crisis y la búsqueda de nuevos modelos para sortear la emergencia, ¿es acaso imposible apostar a modelos de éxito como estos u otros de hechura nuestra? La actual coyuntura exige empezar a buscar nuevos modelos para salvar lo que nos queda de país.

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