'Influencers' versus periodistas

Lea la opinión de Mariliana Torres

Por Mariliana Torres

El periodismo se ha apartado de su zona tradicional para adentrarse al extraño y adictivo mundo de los influencers. Pero se debe aclarar que considerarse un influencer o o convertirse en uno no significa que seas periodista. Por el hecho de que tengas un blog, una cuenta especializada en fotografía y cuentes tu vida al mundo no significa que seas periodista y fotoperiodista.

Sin embargo, lo que se está observando es que las marcas están respaldando los contenidos publicados por influencers, por lo que entiendo que tienen su importancia. Pero considerar un contenido de un influencer como si fuera un contenido periodístico es un error. No cabe duda de que las ventas de influencias están en su mejor momento y llegando a audiencias concretas. La nueva generación del móvil, que navega por contenidos livianos e inmediatos las 24 horas del día, aprecia a los influencers, y estos están vivos en la red gracias al comportamiento de los seguidores. ¿Son los influencers la nueva competencia del periodista?

Todos los influencers que he conocido trabajan muy duro, al igual que el periodista. El influencer que recién inicia trabaja 24 horas y sin descanso hasta que logra conseguir su posición en el imperio digital. Luego contrata a quien lo ayude en la distribución de sus contenidos, mantener la red social y valorar marcas. La creatividad es su mejor amiga. Las marcas buscan al influencer por su ingenio y es quien le puede mercadear mejor su producto digitalmente entre audiencias selectas. Un periodista no puede hacer eso porque los medios de comunicación tienen su línea editorial y sus audiencias flotantes específicas. El periodista también puede escribir contenidos para marcas dentro del espacio creativo que le brinda el periodismo branch, cuya especialización se desarrolla en universidades. Ello está tomando auge ante la carencia de plazas en el mercado laboral de las comunicaciones. El resultado de ello ha sido la respuesta positiva de los dueños de marcas, que prefieren a la persona profesional periodista que escribe bien para desarrollar textos de marcas que vendan, y a los influencers, para la manipulación de las audiencias digitalmente.

Interesante por demás ha resultado el gusto de los dueños de marcas al preferir a los influencers versus las grandes celebridades para cultivar gustos. Es decir, que las estrellas de
la Internet son ahora los influencers, que tienen libertad creativa. Considero que hay espacio laboral en la Internet para todos, pues tanto el influencer como el periodista se erigen como especialistas en su campo. Los influencers son líderes de opinión de marcas y tendencias sociales. Algunos periodistas se han sentido opacados por la cantidad de seguidores que les han quitado los influencers, y ya ustedes han visto cómo la mayoría intenta mantenerse vivo en esa carrera desenfrenada de publicar con obsesión quién transmite primero y qué ropa se van a poner hoy. Peligrosamente, piensan que son celebridades y transmiten su vida privada, que es lo más valioso que se tiene. Luego se quejan de que sus historias se utilizan en programas de chismes. Hay una línea muy fina que arropa ese mercado laboral tan distinto, y si no saben diferenciar o desconocen cómo es el mercadeo de contenidos, pueden perder privacidad e importancia.

Los influencers son una tendencia y los periodistas son profesionales de la información. Jamás los influencers pueden asumir el papel del periodista porque pierden audiencia debido a que los intereses de su público son distintos. El juicio crítico, el contraste de contenidos, cultivar fuentes de información y la investigación seria y detallada son tareas del periodista. La importancia de que cada cual asuma su posición es indispensable para garantizar el éxito de su encomienda. Por eso, es que han nacido tantos sectores independientes para garantizar la libertad de publicar contenidos dándoles espacio y tiempo a ambos sectores de la comunicación, porque ambos defienden la libertad de expresión y la independencia informativa.

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