Ricardo Rosselló: ¿La reencarnación de Judas?

En sintonía con la Junta, Rosselló está listo para darnos el beso de la muerte y vendernos por unas monedas. Lee la columna de Jerohim Ortiz Menchaca

Por Jerohim Ortiz Menchaca

Según la tradición cristiana, la Semana Santa es una de recogimiento, reflexión y contrición espiritual.

Pero para los puertorriqueños, los pasados siete días de santos han tenido muy poco.

En ese periodo la Junta de Control Fiscal le impuso al gobernador Ricardo Rosselló una prioridad: hacer una reforma laboral. Él la hizo, se las presentó, todos en el país protestamos por lo devastadora, inhumana e injusta que es.

Acto seguido retiró su propuesta y luego celebró con bombos y platillos haber evitado las medidas que él mismo presentó.

Este jarabe de ilusionismo mezclado con desfachatez, descaro, locura y una pizca de genialidad torcida que nos quieren endilgar tiene una sola finalidad: engañarnos y confundirnos.

¿Es Ricardo Rosselló nuestro paladín justiciero? ¿Estaremos ante una suerte de Robin Hood caribeño? ¿Debemos todos enfilarnos detrás de nuestro gobernante para combatir las fuerzas del mal representadas por la Junta de Control Fiscal?

¡Ojalá! Pero la historia reciente nos demuestra lo contrario. El año pasado para el mes de marzo y abril —mucho antes de que el huracán María nos virara como media— el gobernador presentó a la Junta su plan fiscal para los próximos cinco años.

Para entonces, la Junta hablaba de recortes brutales en las pensiones, al presupuesto de la Universidad de Puerto Rico, de jornada parcial para los empleados públicos, de la privatización de la AEE y de toda una retahíla de nuevos impuestos que recaerían —como siempre— sobre los hombros quebrantados de la clase media y trabajadora del país.

El gobernador se negaba a mostrar cuál había sido el borrador de plan fiscal que había presentado a la Junta. No fue hasta meses después, cuando perdió una demanda, que supimos que, desde el principio, tanto el plan fiscal aprobado como el presupuesto que aprobó la Junta habían sido acordados con el gobierno.

Por eso, todas las medidas contempladas en el plan de la Junta y Rosselló se cumplieron a cabalidad con excepción de dos: los recortes a las pensiones y la jornada parcial. Entonces llegó María e interrumpió todo.

Ahora retoman lo que dejaron sobre el tintero. Esta vez su apetito es mucho más voraz: recortes más abruptos en las pensiones, la venta de la mayoría de los recintos de la Universidad de Puerto Rico, triplicación de los costos de matricula, privatización de casi todos los activos del gobierno en manos de un puñado de empresas extranjeras, venta de escuelas, recortes en servicios de salud, despido de casi la mitad de los empleados públicos, nuevos impuestos, un asalto descarnado a los fondos de las cooperativas y una reforma laboral que busca devolvernos a la época de la esclavitud ubicándonos en el tercer lugar de los países con peores condiciones de empleo en el mundo.

Todas estas medidas están en el nuevo plan fiscal del gobernador. Con todas ha estado de acuerdo, incluyendo la reforma laboral.

Ahora, cuando ve que el país y todo su partido lucha contra su propuesta, intenta hacernos pensar que incluso él está en contra de su propio plan y de sus propuestas.

Ricardo Rosselló sabe muy bien que en este nuevo Puerto Rico la ley que impera es la que aprueba la Junta en el plan fiscal que contempla todas esas medidas. Él sabe muy bien que la Junta es una dictadura que puede aprobar leyes, presupuestos, impuestos y venta de activos, incluso por encima de la Asamblea Legislativa.

Sabe bien que lo que presentó en su plan fiscal, el cual no ha retirado, será lo mismo que la Junta impondrá.

Y así como Judas entregó a Jesús según el relato bíblico, Rosselló pretende decir que está de nuestro lado mientras nos da el beso de la muerte y nos vende por unas cuantas monedas.

Mi gente, todas las medidas que se han contemplado, incluyendo la reforma laboral, vienen. Serán aprobadas. La Junta tiene el poder para sancionarlas con o sin el apoyo del gobierno. El gobernador no ha retirado su apoyo al plan fiscal ni ha cuestionado el poder de la Junta para aprobarlo.

A fin de cuentas es necesario que nos preparemos para lo que vendrá.

Por eso es urgente que entendamos que marchar un día, piquetear otro y protestar en las redes sociales no será suficiente.

Es necesario paralizar el país y retomar el control de este. El paro del 1ero de mayo debe ser tan solo un primer paso pero, en lo sucesivo, tenemos que comenzar a reunirnos en asambleas de pueblo, realizar referéndums autoconvocados y tomar decisiones entorno al país que anhelamos y las medidas que exigimos se tomen para comenzar a salir de este atolladero mientras realizamos cualquier acción necesaria para que se acate nuestra voluntad expresa.

Esa es la única salida para combatir el ataque frontal de nuestros enemigos.

Si esperamos que la reencarnación boricua de Judas Iscariote de la pelea por nosotros, les digo, sinceramente, que también vamos camino a la crucifixión. Y, en nuestro caso, no resucitaremos al tercer día.

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