Al liderato del Partido Popular Democrático

La primaria que se avecina, y que ya nadie ni nada despinta, podría ser un vehículo para canalizar de abajo hacia arriba el sentir de una base política que por años ha sido ignorada.

Por Armando Valdés

En semanas recientes, los nombres de varias personas han comenzado a ventilarse en relación con sus posibles aspiraciones a la candidatura a la gobernación bajo la insignia del Partido Popular Democrático. Lejos de ser razón para preocuparse o para hablar de divisiones dentro de la colectividad, las ambiciones políticas legítimas de todos ellos apuntan a las fortalezas y a la vitalidad de la institución. Un proceso de primarias abiertas y democráticas le hace falta al PPD, y activaría a diversos sectores dentro de la base del partido de cara a una contienda contra un PNP que desde el gobierno utilizará todas las herramientas a su haber para permanecer en el poder. 

Ahora bien, esa campaña primarista, para cuyo desenlace todavía faltan más de dos años, si se conduce a la usanza del PNP, provocará cismas profundos al interior del partido. Más aún, delatará al PPD como una copia barata del movimiento anexionista y sería desperdiciar una oportunidad única para integrar personas e ideas nuevas, y para definir una visión clara y contundente sobre el futuro que queremos para Puerto Rico. 

Las primarias son procesos amplios de participación. Las asambleas de partido lamentablemente han caído en desuso, y gran parte de lo que se decide en ellas está preacordado por el liderato. Las primarias les meten miedo a los líderes políticos porque pierden el control sobre las decisiones y se lo entregan a la base. Precisamente por ello, la primaria que se avecina, y que ya nadie ni nada despinta, podría ser un vehículo para canalizar de abajo hacia arriba el sentir de una base política que por años ha sido ignorada.

Para el PPD, en particular, como partido de coalición, su base lo es todo. El año pasado publiqué en estas páginas lo siguiente sobre la relevancia de esa figura a menuda mentada pero poco escuchada. 

“Hay un Partido Popular porque hay una base que reclama la existencia de un partido puertorriqueño y puertorriqueñista. Un partido que no quiere ver disuelta la nacionalidad de nuestro pueblo dentro de la estadounidense. Un partido pragmático, que no se deja cegar por obsesiones ideológicas, y que aspira a mejorar las condiciones de cada persona que vive en nuestro país. Un partido que cree en que cada individuo tiene derecho a un sustento básico, a educación de calidad, a servicios de salud, y a que se le respeten sus libertades. 

Para que volvamos a ser eso – y admitamos que el partido ha perdido su norte – tenemos que escuchar, evaluar, abrirnos y unirnos. Escuchar a la base y al pueblo más allá de los comités municipales de la colectividad. Evaluar qué cambios tenemos que hacer internamente y qué cambios tenemos que proponer para la consecución de nuestras metas colectivas para el país. Abrirnos a más diversidad de género y generacional, a más diversidad racial, social y económica.  Unirnos en torno a unos principios básicos sobre los cuales todos estemos de acuerdo.”

Cada candidato o candidata que dé un paso al frente en este momento, debe pensar no solo en su aspiración individual, sino en el futuro de partido y país. Tenemos una oportunidad única para distinguirnos de los titingós electoreros del PNP. No se trata de quién llena qué salón para hacer quedar mal a su contrincante. Ni se trata tampoco de que la contienda por el futuro del partido se reduzca a recriminaciones y personalismos. 

Al hacerse disponible, nosotros en la base del partido le exigiremos a cada candidato que nos presente sus ideas, sus razones para aspirar y su visión para Puerto Rico. Exigiremos ser escuchados y que ustedes se escuchen y dialoguen entre sí. No hay razón para que no se puedan convocar para debatir con respeto, y para competir en el plano de las ideas. 

La primaria debe ser un ejercicio de democracia participativa cuyo punto final sea el voto del pueblo popular. En el camino, debemos provocar eventos donde todos los candidatos se presenten, no como competidores buscando llenar salones con avanzadas, sino como pares y como proponentes de futuros alternos para el país. 

Para la euforia de las campañas y las caravanas habrá tiempo en el 2020. De aquí a allá aprovechemos el reto que enfrentamos como colectividad para definirnos por medio de este proceso y para comunicarle al resto del electorado los valores que representa el PPD. Así, sea quien sea el candidato a la gobernación, habremos fortalecido los cimientos de la institución, allanado el camino para poder comunicar una visión coherente, y asumido con responsabilidad el deber de evitar un segundo cuatrienio del actual gobierno. 

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