Enseñar, educar, escolarizar

Lea la opinión de Rafael Lenín López

Enseñar, educar, escolarizar

Estos tres conceptos son motivo de un debate continuo entre los pedagogos sobre el rumbo que toman los modelos educativos mundialmente. Esa discusión tiene que intensificarse en Puerto Rico en las próximas semanas cuando la Legislatura comenzará a analizar la reforma educativa que propuso el lunes el gobernador Ricardo Rosselló.

Creo que la coyuntura en la que se encuentra Puerto Rico es muy distinta de la que enfrentábamos en la década del noventa cuando, por primera vez, se plantearon los conceptos, que ahora se anuncian, por parte del padre del hoy gobernador. Quizás hoy vivimos las consecuencias de las políticas públicas dominantes en aquel momento, o de la ausencia de otras que debieron implementarse, pero ya no hay que seguir echando culpas. Nuestro país enfrenta una crisis de gobernabilidad, una crisis de legitimidad en las instituciones y, por si fuera poco, una crisis fiscal que necesita urgentemente una atención en todos los aspectos, tanto en la liquidez del Gobierno como en la necesidad de herramientas de desarrollo económico. En este contexto, la educación, como siempre debió haberlo sido, tiene que ser el pilar de un futuro socioeconómico próspero.

La propuesta educativa del gobernador, como la anterior relacionada con la Autoridad de Energía Eléctrica, debe estar inmune a discursos ideológicos trasnochados. En ambos asuntos tiene que haber debates fríos y a tono con los tiempos y nuestras necesidades. Ello no quiere decir que ese debate esté divorciado de lo que deben ser los objetivos del país, como colectivo, y no a beneficio de unos pocos, a largo plazo. En el afán por resolver los problemas inmediatos, no podemos los ciudadanos, que somos los que a fin de cuentas constituimos el Estado, continuar despojándonos de nuestras responsabilidades ante nuestros compatriotas, llámense pobres, desventajados o los más vulnerables. En la construcción de las soluciones a los problemas que tenemos de frente, tenemos que diseñar la zapata del país que queremos para las futuras generaciones. Seguir delegando las responsabilidades en entes que no están comprometidos constitucionalmente a atender las necesidades comunes, en vez de ejercer la voluntad necesaria para resolver los problemas internos, podría desembocar en un caos mayor, como lo hemos visto en nuestro sistema de salud.

Habiendo dicho eso, creo que la propuesta de encargarles la operación de escuelas a organizaciones sin fines de lucro merece una mirada seria. Sin embargo, sugiero una selección meticulosa de estas entidades que se encargarán de futuras generaciones para que estén verdaderamente interesadas en atender nuestro problema de país. Cuando se habla de Estados Unidos como modelo, excluyendo otros más exitosos en el mundo, también hay que ver que, en muchas jurisdicciones, las escuelas chárteres terminan siendo centros élites, estratégicamente acomodados en comunidades con acceso al dinero, mientras los modelos tradicionales estatales se mantienen en los guetos, empobreciendo aún más a un sector de la población.

Me resultó alarmante que el comienzo de la discusión promovida por La Fortaleza careciera, en días subsiguientes, de detalles sobre cómo se pondría en vigor todo el plan, dándose a entender, incluso, que se buscaba acceder a más fondos federales para aumentar el dinero público asignado a cada estudiante. Pero ¿no se nos había dicho que el problema del Departamento de Educación se trataba de mala administración, de una cantidad exagerada de su presupuesto depositado en la nómina? ¿No se nos había dicho que todo se atendería con una descentralización y que, si ello no funcionaba, entonces se pondrían en vigor las escuelas chárteres?

Me luce que la administración precipitó un anuncio que no estaba listo, ante tanta polémica por otros temas, y si es así, les toca a los legisladores procurar no dañar aún más lo que nos queda para tener alguna esperanza de futuro: nuestras escuelas. No solo es operar escuelas efectivamente y de que allí enseñen. También hay que educar y escolarizar, y ese es el objetivo de país, que no se puede perder en este desespero inmediato.