Pensamientos mohosos

Lea la opinión de Lily García

Por Lily García

La conversación comenzó como muchas otras que terminan convertidas en columnas, haciendo fila en un supermercado. Necesitaba un producto para aplicar a una cerradura que me daba trabajo al abrir y cerrar, y no tenían el que usualmente compro. Le pregunté al caballero que estaba detrás de mí en la fila si el que me estaba llevando resultaría, ya que nunca lo había utilizado. Él me dijo que pensaba que el otro era mejor, pero que lo intentara con este.

Una señora que escuchó la conversación me sugirió que utilizara aceite de oliva porque a ella le había funcionado con una cerradura. Y en ese momento añadió: “Este podría ser el tema de una de tus secciones en televisión. Cómo los pensamientos a veces se nos quedan atascados y cómo arreglarlos”. Ambas nos echamos a reír y le prometí que un día hablaría sobre los “pensamientos mohosos” y cómo trabajar con ellos.

Hay muchos pensamientos que, al tornarse “mohosos”, se nos quedan “pegados”, y no solo se hace difícil soltarlos, sino que, a veces, nos hacen pensar que son realmente parte de nosotros. Los pensamientos son solo eso: pensamientos. Nos toca a cada uno escoger cuáles nos son útiles y cuáles no.

El primer paso para trabajar con ellos es reconocerlos. La sabia vecina de fila que me los mencionó, obviamente, reconoce los suyos. Una vez identificamos ese pensamiento o actitud que nos tiene estancados, lo respiramos profundamente y lo dejamos ir siempre procurando sustituirlo por su opuesto positivo.

¿Cuáles podrían ser algunos de estos pensamientos tóxico/mohosos? El interpretarnos como víctimas en vez de como sobrevivientes; el pensar que podemos y debemos cambiar a otros; el ver siempre la grama del vecino más verde; el creer que necesitamos tener una pareja para ser felices; el vivir juzgando a otros y pensando que ellos están mal y nosotros bien; el escoger vivir siempre en el pasado; o el estar siempre pendientes de lo que piensen los demás.

Reconoce y observa tus pensamientos mohosos. El único producto que podrá ayudarte a soltarlos será tu decisión de querer ser más feliz.

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