Un compromiso contínuo

Lea la opinión del secretario de la Gobernación

Un compromiso contínuo

Quienes promovemos la igualdad, tenemos el deber de esforzarnos por alcanzarla en los diferentes aspectos de la vida cotidiana, de manera que todos y todas, dentro del marco de las libertades constitucionales y los deberes y responsabilidades ciudadanas, podamos alcanzar una vida plena, en el disfrute de la constante búsqueda de la felicidad. Es por eso que siempre hago énfasis en que uno de los principales elementos para construir o conseguir que los seres humanos nos consideremos verdaderamente iguales es el respeto. Tanto el propio, como el que se brinda al prójimo. Solo las relaciones humanas fundamentadas en el respeto mutuo alcanzan niveles óptimos de desarrollo individual y colectivo.

Nuestra mesa de diálogo permanente ha sido ejemplo de lo anterior, como también las iniciativas y esfuerzos en que han participado líderes y representantes de todos los sectores y escuelas de pensamiento en la isla. Con el mismo espíritu de respeto y en aras de ser facilitadores en todo proceso que valide la política pública en cuanto al reconocimiento de la igualdad de la mujer, hemos realizado acciones afirmativas y palpables que, tal y como se estableciera en el Plan para Puerto Rico, avalado por nuestra gente, van dirigidas a alcanzar junto a ellas la justa equidad que merecen y por cuyo reconocimiento históricamente han luchado.

Recordemos que dos de las primeras órdenes ejecutivas del honorable Ricardo Rosselló Nevares al comienzo de este, su primer cuatrienio como gobernador de Puerto Rico, fueron dirigidas a la creación del Concilio de Mujeres y a garantizar a las servidoras públicas una verdadera igualdad en su paga, cuando se realiza igual trabajo. Pero uno de los esfuerzos multidisciplinarios y multisectoriales que más incide en la vida diaria de la mujer en Puerto Rico, y en el mundo, es aquel que hacemos para garantizar que disfrute de un ambiente y una nueva cultura libre de toda modalidad de discriminación.

Al escribir sobre este tema siempre tengo presente la conclusión a la que pudimos llegar como parte de una interesantísima conversación que sostuve tiempo atrás con una persona que se ha destacado en la lucha de las mujeres por la equidad. Allí, rodeados de libros sobre las expresiones y manifestaciones discriminatorias contra este grupo protegido, tanto individual como colectivamente, resumimos que la sociedad, en general, a veces pasa por alto esta realidad porque, como bien expresa la doctora Mary Susan Miller en su libro No Visible Wounds, la mayoría de las consecuencias de tales acciones y omisiones no se perciben a simple vista. Son heridas invisibles. Esas que nos hemos movido a atender e intentar remediar con medidas particulares, tanto punitivas como correctivas, de interés social y emocional, pero que tenemos la obligación de evitar por medio de la prevención.

De ahí que, recientemente, el gobernador Rosselló Nevares estampara su firma y convirtiera en ley varias medidas que reafirman el compromiso de la presente administración en la prevención de la violencia doméstica y en la protección a quienes sufren esta modalidad de discriminación. Como resultado, queda establecido en la Oficina de la Procuradora de las Mujeres un programa de protección y prevención de la violencia doméstica para las mujeres de nacionalidad extranjera; además, de que trabajaremos para incluir estrategias dirigidas a la prevención de esta conducta en todos los ámbitos del sistema de educación pública. Por otra parte, los delitos de incesto, agresión sexual, actos lascivos, trata humana, secuestro agravado, utilización de un menor de edad para pornografía infantil, entre otros, no prescribirán cuando la víctima sea menor de 18 años. Del mismo modo, en una iniciativa que atiende y aclara aspectos que pudieron prestarse a confusión en el pasado, por fin se reconoce la capacidad jurídica de una mujer para solicitar órdenes de protección sin la intervención de sus padres a partir de los 18 años de edad. Esto, debido a que muchas jóvenes no denuncian a sus agresores por temor a comunicar a sus padres y/o madres lo sucedido.

Nos corresponde a todos y todas unirnos para alcanzar el cambio social, cultural y económico que conlleva reconocer, de una vez y para siempre, los derechos de las mujeres como derechos humanos. La lucha por la igualdad plena tiene que convertirse en la meta común.