Un nuevo plan anticrimen: darse un café con Bad Bunny

Jerohim Ortiz le envía una carta al secretario de Seguridad, Héctor Pesquera, sobre dónde y cómo puede encontrar la solución real para atajar la criminalidad

Por Jerohim Ortiz Menchaca

Héctor Pesquera:

Al cabo de esta semana varios aspectos de su gestión han quedado claros. Obviamente el problema de la criminalidad rampante que azota al país se le ha salido de las manos. No existe un plan de respuesta coherente. Y usted invirtió más tiempo en hacerle la vida imposible a la saliente superintendenta de la policía, Michelle Hernández, que a repensar el aparato de seguridad pública de Puerto Rico al son de $250,000.

Por eso luce perdido y desorbitado. Es como el perro que corre desesperado tras el objeto de su deseo y, una vez en su boca, no sabe qué hacer con él.

No hay forma de exagerar el hecho de que, de más de 50 asesinatos reportados a la fecha, solo se han esclarecido dos (menos de un 4 %).

Por eso quedamos atónitos, perplejos y estupefactos cuando anunció que su respuesta a esta emergencia sería entablar otra alianza con las agencias de Estados Unidos para perseguir con mayor rigurosidad a quienes no tuviesen su marbete al día o rebasaran la luz roja en el semáforo que no funciona.

Sí Pesquera, la mayor parte de los semáforos siguen sin funcionar tras el paso del huracán María.

Para ser honesto, usted trae a la memoria a esos ratones de laboratorio que dan vueltas en la misma rueda que no los lleva a ninguna parte durante toda su vida.

Y es que la política del broken window que plantea que, si se atienden las ofensas menores a la ley, estas tendrán un impacto en las ofensas mayores ha probado ser un fracaso absoluto en el contexto puertorriqueño bajo administraciones de ambos partidos.

El problema no es que la gente mate, asalte, escale o viole, sino las causas que llevan aun ser humano a cometer esos actos de violencia contra su prójimo.

Y en esto le hablo desde la experiencia, pues soy hijo de la "Mano Dura" del primer Rossellato. Como es habitual en grandes sectores de nuestro país, tuve una niñez cruda. Mis primeros años estuvieron marcados por la disfunción del núcleo familiar, la violencia y las carencias.

Cuando miro hacia atrás me doy cuenta que la única diferencia que hubo entre mí y los amigos o seres queridos que he perdido en el camino fue que tuve una verdadera oportunidad de salir de ese ciclo y sanar heridas infligidas en el proceso.

Cuando papá no está, mamá no tiene la capacidad o madurez de hacerse cargo ni siquiera de sí misma, cuando los tíos están presos o muertos, cuando no existe red de apoyo ni en la comunidad, ni en la escuela, cuando nadie guía, canaliza e instruye, cuando no tienes control de nada de lo que te afecta a diario, es fácil despreciar la vida como algo desechable.

Cuando lo único seguro que tienes en la vida es la inseguridad de lo que ocurrirá mañana y en tu entorno opera la política de que solo el más fuerte controla y puede tener seguridad y paz, importa poco llevarse de por medio a quien haya que llevarse.

Cuando a través de los medios de comunicación, películas, canciones y el entorno se hipersexualiza a la mujer y se le reduce a un mero objeto del deseo del hombre es de esperarse que este sienta ser propietario de ella, de su cuerpo y, en ultima instancia, de su vida.

Cuando no existen programas que ayuden a manejar los conflictos personales e interpersonales ni se provee tratamiento para las condiciones de salud mental que tanto aquejan a nuestra sociedad es de esperarse, que ante tanta frustración, alguien saque un arma y le vacíe el peine en la cara a otro porque lo miro mal o le lanzó un piropo a la jeva.

Cuando vives en una sociedad capitalista que no te provee empleo, te excluye, te estigmatiza y encima de eso te inculca que solo vales de acuerdo a lo que tienes y no por lo que eres es fácil entender porque muchos de nuestros jóvenes te dirán que prefieren vivir 4 años llenos de tenis Jordans, prendas, carros y dinero antes que vivir 50 destinados a la miseria.

Cuando el ser humano se percata de que las oportunidades de salir adelante solo vienen en función a las palas, el dinero o el poder que puedas ostentar, es natural que vivan la vida estresados y sobresaltados abriendo la puerta a todo tipo de posibilidades de explosión emocional.

Si quiere crear un plan “anticrimen” que realmente comience a atajar los problemas que nos aquejan debería escuchar un poco de reguetón y Trap. Esa música que muchos consideran vulgar e indeseable pero que expone como se vive en grandes sectores de nuestra sociedad.

Es más, invite a un café a Bad Bunny, a Ozuna, a Pusho o visite a Anuel en la prisión federal. Indague sobre sus vidas, sobre las razones por las que escriben o cantan las líricas que interpretan. Pregúnteles sobre qué entienden por éxito en la vida.

En fin, que la solución a la situación de la criminalidad en Puerto Rico pasa mucho más por la sociología, la economía, la salud y la educación que por los chalecos antibalas, las patrullas y la vigilancia.

Quizás entienda porqué nuestras nuevas generaciones les ven como modelos a seguir y porqué en todos los renglones de nuestra sociedad se siguen reproduciendo los mismos patrones de violencia.

Hago la salvedad de que no pretendo con esto estigmatizar ningún género musical, ni a sus exponentes. De criminales está lleno el Capitolio, La Fortaleza, los bancos, empresas y las urbanizaciones caras.

Pero no cabe duda de que las inequidades y la carencia generalizada propende a una cultura de violencia. He ahí la respuesta.

Para hacer lo mismo de siempre mejor no nos estafe más. Retírese y déjenos en paz.

PD: Avísenos cuando los semáforos funcionen

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