Dinero, mucho dinero

Lea la opinión de Julio Rivera Saniel

Por Julio Rivera Saniel

Los tiempos de Manos a la Obra ya terminaron. Aunque hay quien aún sueña con los años de un modelo económico basado en exenciones del tipo 936, a todas luces Puerto Rico debe cambiar la página. Pero para hacerlo debe primero definir su rumbo. No es tarea sencilla. Hacerlo supone un ejercicio de definición política y la elaboración de una ruta de rediseño para el país. Pero ¿cómo hacerlo?

Según más de un economista, además de buscar nuevas vías para atraer inversión extranjera, la clave de futuro será la capacidad de construir un ecosistema de industrias con capital local. Dinero que se quede en casa.

De mis conversaciones con portavoces de diversos sectores, surgen varias posibilidades viables de desarrollo económico para el Puerto Rico sin María.

Maderas y aserraderos: tras el paso de Irma y María, cientos de toneladas de madera forraron las calles del país. Pero ante la falta de una política pública para la disposición de esa madera, la mayor parte de ella terminó en la basura, a pesar de que la industria de maderas y aserraderos factura millones en diferentes jurisdicciones. En medio de los retos del nuevo Puerto Rico, el cultivo de árboles madereros podría ser una opción viable.

Cannabis: según datos oficiales, en Estados Unidos la industria del cannabis tuvo un valor neto de $7.2 millones en 2016 y se espera que experimente un incremento anual del 17 %. En el caso específico de la marihuana medicinal, se espera que crezca de los $4.7 mil millones de dólares que se reportaron en 2016 a $13.3 mil millones en 2020. En el caso de la marihuana recreativa, que no es legal en la isla, la revista Forbes estima que saltará de los $2.6 mil millones que generó en 2016 a unos $12.2 mil millones en 2020.

Cine y producción de contenidos: en Puerto Rico, la industria de cine apenas pasa de lo anecdótico, a pesar de tener excelente mano de obra (actores y técnicos de excelencia) y un entorno natural envidiable. Sin embargo, muy cerca de aquí, en la República Dominicana, la creación de su ley de cine ha hecho que ese país tenga una verdadera industria cinematográfica. Según la Dirección General de Cine (Dgcine), en 2016 se rodaron en ese país 96 proyectos cinematográficos y audiovisuales, 34 de producción nacional y siete extranjeras. La movida deja al vecino país ingresos anuales que sobrepasan los $73 millones de dólares. ¿Por qué nosotros no? ¿En qué fallamos? Ya toca comenzar a contestar esas preguntas. A ver si nos llevamos una buena tajada del bizcocho que se sirve en la era de Netflix y canales de contenido “a la carta”.

Venta de servicios online: si algo resulta cierto es que el mercado comercial se ha transformado tanto en la isla como en los Estados Unidos. Nos guste o no, miles de personas han comenzado a abandonar la visita a establecimientos comerciales “físicos” para realizar sus compras desde la comodidad de su teléfono, computadora o tablet. Espacios como Amazon, Geek o Ebay son un claro ejemplo. Esta nueva dinámica de compra y venta ha hecho que industrias como Walmart comiencen a replantearse su modelo. ¿Acaso no pueden los proveedores de productos o servicios locales montarse en esta nueva tendencia y, de paso, traer dinero nuevo a la economía local?

Turismo: a pesar de una noción ampliamente generalizada, el turismo representa poco más del 7 % del producto interno bruto de la isla en una ecuación en la que, esencialmente, descansamos en las visitas de estadounidenses de la costa este. ¿Por qué no ha sido posible ampliar esos números y mercadear nuestro destino en el resto de EE. UU., Canadá y Europa (tal y como sucede con las vecinas islas del Caribe)? Se nos hace tarde. Según la Organización Mundial del Turismo, de cara a 2030 se espera que el Caribe reciba 30 millones de turistas al año. ¿Hacemos lo necesario para participar de esa fiesta de millones?

Estas son solo algunas de esas opciones de industrias que, según más de uno, podrían formar parte del plan económico para un Puerto Rico indudablemente nuevo, con retos enormes. Ojalá estemos a la altura de la encomienda.

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