Pantalones abajo

Lea la opinión de Mariliana Torres

Pantalones abajo

Las últimas semanas han sido convulsas para los medios de comunicación. Desde cesantías en grandes cadenas por motivos económicos hasta despidos fulminantes de flamantes periodistas que ganaban más de 25 millones de dólares anuales. Así como lo lee. Quiere decir ello que Matt Lauer, antes de su escándalo sexual, le triplicaba ese número en ganancias a la poderosa empresa televisiva estadounidense. Vamos, que parece que el techo de cristal se le cayó y ahora todo el mundo hace leña del árbol caído. De su caída no me alegro, al contrario. Pero, hay mucho más que destacar de esa triste historia de periodismo, televisión, sexo y juguetes sexuales en una oficina con timbre escondido.

Cuando se hacen de la vista larga de un problema identificado hace años, entonces se observa con cautela cómo el dinero compró el silencio y ello es peligroso. Y esto va más allá del imperio periodístico. Realmente, es una pena, para Lauer y su familia, que su larga carrera periodística concluya sin pantalones. Además, que su despido sirva para que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump vuelva a utilizar la red social Twitter para opinar sobre un tema en el que, precisamente, no debería ni hablar. Si se fijan, todo ello camina en una línea muy fina entre la imagen, la credibilidad y el respeto.

Supongo que Lauer, con los millones que tiene, podrá encaminar su vida en otras labores no precisamente periodísticas.

Conversaba sobre ese difícil momento con varios estudiantes a quienes les recalcaba que su carrera profesional no es precisamente la imagen de estrella que impulsan las cadenas estadounidenses, pues todo se reduce a dólares y centavos. Imagen que deja dinero lo convierte en un símbolo de dólar andante para la cadena y los anunciantes. No precisamente lo recordarán por sus grandes contribuciones periodísticas, investigaciones, conferencias o los libros que escribió. Durante esta semana pasada de escándalos sexuales, no se ha mencionado ni una entrevista sobresaliente del involucrado. Verdaderamente, no son muchas, pero qué ficha profesional lo ampara si solo se habla de las pésimas preguntas sexistas que hacía a mujeres guapas. Las grabaciones están, y usted las puede escuchar y llegar a sus propias conclusiones. En términos periodísticos son repugnantes, y nunca un periodista debe sugerir comentarios sexuados en las preguntas que realice, ya sea a una mujer o a un hombre. Me parece que, como hay un clamor de denunciar a todos aquellos abusadores, es pertinente que se establezcan pautas de que estar en la meca del cine o llegar a prestigiosas sillas periodísticas no significa que eres un pervertido.

El periodismo es una de las carreras más grandiosas que existen en el mundo. Nunca te aburres porque nunca sabes cómo comenzará el día y cómo terminará. Es difícil lidiar con el día a día si se tiene familia, pues pocos comprenden que debes quedarte en una escena hasta que concluya su desarrollo. Imagínese estar sentado en la primera fila de los acontecimientos más importantes del mundo y que todo transcurra frente a usted. De la caída de la muralla de Berlín, de contemplar las auroras boreales con el National Geographic, de estar presente en las tomas de posesión de presidentes, de abrazar a los desvalidos y otorgarles ayudas, de caminar por los grandes estadios de balompié, de ir a Olimpiadas, conocer los personajes que hacen historia y te hacen ser mejor ser humano, de ayudar al que no tiene que comer, de velar el bolsillo de los ciudadanos que son asaltados por corruptos, de observar horriblemente las matanzas y aprender a respetar más al ser humano, de aprender grandes lecciones de fenómenos atmosféricos, de comer cuando se puede y dormir si se tiene tiempo, de leer y aprender hasta convertirse en erudito, de eso se trata la profesión, de la compasión que sientes y de las ansias de convertirte en paladín de la verdad. Ese es el periodista que se debe identificar, no el que utiliza su cuerpo como arma para desafiar.