El fin de Ricardo

No, no es Ramos... es Rosselló. Es el gobernador al que se le vio la ineptitud y la ineficiencia en su liderato. Lee la columna de Jerohim Ortiz Menchaca

El fin de Ricardo

Enfermó aquel 20 de septiembre. Murió tras la mordida de un gran pez blanco que le hirió gravemente. Pero no fue hasta ayer que lo sepultaron. Así se escribió el fin de Ricardo.

Desde KOI Americas se hizo todo lo posible para salvarlo. El último intento desesperado fue sobrecargar una estación de energía para alcanzar el tan mentado 50% de generación eléctrica y luego acusar de sabotaje a la UTIER, la oposición inexistente, a Nicolás Maduro y hasta al difunto Fidel Castro cuando el sistema colapsó.

No. No hablo del saliente director ejecutivo de la Autoridad de Energía Eléctrica. El siempre fue una distracción. Un eslabón más en una cadena de mando que llega hasta el gobernador. Es el mandato de Ricardo Rosselló el que murió.

El ejecutivo inició su cuatrienio autodenominándose como el “ultimo gobernador de la colonia”. Aseguró que espantaría los fantasmas de su apellido mostrando cero tolerancia ante la corrupción. El tenía un plan, decía. María también.

Esta semana quedó confirmada la ineptitud, ineficiencia, y corrupción desplegada en estos tiempos post marianos por la administración de nuestro gobernador.

Para muchos de nosotros, que no creemos en la relación colonial que sufre Puerto Rico, que creemos en que la solución a los problemas del país pasan por el camino de la expansión de la democracia y que hemos sido férreos opositores a la dictadura impuesta por el Congreso a través de la Junta de Control Fiscal, nos resulta complejo no apoyarlo en sus planteamientos ante Estados Unidos.

Pero es que ya son demasiadas las mentiras y chanchullos que complican mucho el que todos podamos colocarnos detrás del mandatario.

Esta semana desperdició una oportunidad dorada para demostrarle al país y a Estados Unidos que: había cometido errores que buscaba remediar. Que tenia un plan para atajar de verdad el despilfarro de los fondos de recuperación y que Puerto Rico ofrecía una alternativa viable en materia contributiva que salvaguardara los intereses estadounidenses y los puertorriqueños por igual.

Pero así no fue la cosa. En cuanto a la corrupción y el despilfarro lucio vacilante y acorralado. En cuanto a la reforma contributiva que busca perpetuar a Puerto Rico como una colonia en todo lo que no le conviene a Estados Unidos y en un país independiente para todo aquello que les conviene el gobernador lució perdido.

Demostró no entender la coyuntura histórica, política y económica en la que se encuentra Estados Unidos al acoger la estrategia tradicional del sector colonialista de pedir que se trate a Puerto Rico privilegiadamente en materia contributiva cuando no existen ya las razones geopolíticas que dieron paso a ese trato en las décadas de 1940 y 1950.

En aquel momento Estados Unidos libraba la Guerra Fría con la Union Sovietica y existía un interés de mostrar a Puerto Rico como la vitrina del progreso capitalista ante una América Latina que se debatía entre ambas potencias.

Hoy el interés norteamericano es otro. Buscan traer el capital disperso por el mundo a sus fronteras porque, al menos en teoría, sería sinónimo de acabar con el desempleo y el abismal déficit que sufre su gobierno. En el marco de esas reformas no tiene sentido privilegiar a Puerto Rico.

Tenemos que dejar de pensar que cuando ellos toman decisiones por su país lo hacen pensando en nosotros como parte integral de el. EL Congreso ha tomado ya suficientes acciones en los pasados 20 años para convencernos de que ello no es así.

No importa si eres estadista, independentista, soberanista o colonialista. Es imperativo que comprendamos de una vez que cuando ellos legislan no están pensando en nosotros y si sus intereses chocan con los nuestros SIEMPRE colocaran los de ellos primero.

Y por eso no se les puede culpar. Es lo que hacen todos los países del mundo. Nosotros somos la única excepción.

Es necesario plantearle a Estados Unidos una ruta que propenda a que, en la próxima generación, Puerto Rico sea autosuficiente para encaminarse hacia la anexión absoluta o la soberanía nacional. Esa será la única forma en que podremos dejar de depender de los vaivenes de Washington, ahorrarle a ellos la erogación de fondos federales al tiempo que podrían repatriar las ganancias de sus corporaciones.

La ruta por la que el gobernador lleva al país bien podría significar perder los exiguos poderes que le quedan ante la Junta de Control Fiscal, que la recuperación del país sea ahogada por la burocracia e ineficiencia del gobierno federal y que se imponga un arancel a nuestras exportaciones que termine por hundir nuestra industria manufacturera que representa el 40% de la economía del país.

Ese escenario significaría el fin del mandato de Ricardo Rosselló. Si no me creen, pregunten en privado a Jenniffer González y Thomas Rivera Schatz que por ahí andan esta semana afilando los dientes.