¿Se acerca el fin del Partido Popular Democrático?

De Pan, Tierra y Libertad a promesas rotas... O el PPD se transforma o muere. Lee la columna de Jerohim Ortiz Menchaca

Por Jerohim Ortiz Menchaca

El Partido Popular Democrático, que gobernó durante 28 años de forma ininterrumpida fue glorioso, vigoroso y hegemónico. Ya no más.

Hoy exhibe el desgaste de un anciano de 79 años de edad: reducido, impotente y fragmentado.

Al igual que en los seres humanos, para el PPD, ocho décadas no han pasado en vano.

Desde su nacimiento en 1938 se luchó una guerra mundial, cayeron imperios, se formaron más de 100 países nuevos, Estados Unidos se abrió al mundo, inició y terminó la Guerra Fría, se inventaron el televisor, las computadoras, el internet, las redes sociales y la economía del país norteamericano dejó de ser todopoderosa.

Paradójicamente, cuando el PPD irrumpió en nuestra escena nacional, el país se encontraba en una coyuntura similar en muchos aspectos a la que estamos hoy: sumidos en una profunda crisis económica, divididos hasta los tuétanos política y socialmente, azotados por una gran corrupción y por el desprecio abusivo de Washington.

Por eso la promesa de brindarle al país Pan, Tierra y Libertad capturó la imaginación de la gente. El principio rector de anteponer la vergüenza al dinero le valió el apoyo de las clases desvalidas de nuestro pueblo.

Hoy la historia es diferente. Al cabo de 79 años solo quedan promesas rotas.

Demasiada gente que ha accedido a poder a través del PPD ha vendido su vergüenza por dinero. Muchos se han robado nuestro pan. Una pequeña claque, que cree ser dueña de nuestra tierra, ha secuestrado la colectividad y el miedo o la jaibería ha inundado el corazón de tantos que son incapaces de admitir que nunca tuvimos libertad.

Los pilares que sostenían el proyecto político del Estado Libre Asociado se han venido abajo. En Puerto Rico, al cabo de tanto, ni tenemos gobierno propio, ni autonomía fiscal y, a la luz de la nueva PROMESA del imperio, nuestra Constitución no vale dos centavos.

A pesar de lo que los miopes y sus focas puedan querer proyectar, la realidad es que hoy, el Partido Popular, no tiene nada que celebrar. Este debería ser un día de constricción y profunda reflexión.

No se puede andar celebrando como una gran victoria el día de logros que se tuvo en primer grado.

Esa es la razón por la que, si salieran a preguntar, 7 de cada 10 puertorriqueños dirían que ven a la colectividad como parte del problema que nos condujo hasta la debacle y no recordarán lo que hace ocho décadas dijo que habría de lograr.

Salvar al PPD requiere de cirugía mayor. Es imperativo aceptar que los mecanismos para alcanzar sus viejos objetivos ya nunca más serán efectivos. Hace falta hilvanar un nuevo proyecto nacional que brinde prosperidad y justicia, que se atempere a la nueva realidad. Es necesario aceptar que no contamos con el favor de quien una vez se creyó era nuestro socio. Y que, si permanecemos bajo el esquema actual, jamás tendremos su respeto.

Hay que admitir que no se cumplió con la promesa, que se falló, que se traicionó la confianza depositada y demostrar que existe ánimo de cambiar de verdad; de unir las diversas voluntades para construir un nuevo trato entre todos(as).

Lo otro son reorganizaciones cosméticas. Una lucha desenfrenada por ver quien corre mejor a una posición castrada cuando venga el próximo ciclo electoral para buscar quedarse con el banquete total.

Lo otro es pintura y capota dejando todo lo demás igual. Tratando de acallar las voces que piensan distinto porque no tienen una propuesta alterna.

Lo otro es ser presa de los mercaderes del miedo que inmovilizan y petrifican todo a su alrededor para no perder sus privilegios aunque se lleven todo y a todos por el medio.

Lo otro es no comprender que te puedes vestir muy bien pero si no le das tratamiento a tu cáncer morirás igual.

Lo otro es no aceptar que, a menos que pases por una transformación total, se acerca el final.

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