Pepito, Peñuelas y el gobierno basura

Jerohim Ortiz Menchaca le envía un mensaje claro a Rosselló: su gobierno es una basura que se quiere parecer al de Donald Trump. ¿Por qué dice esto? Lee su columna

Pepito, Peñuelas y el gobierno basura

Señor gobernador:

Iré al grano para que sepa de donde parto y cual es mi postura desde el inicio. Su gobierno es una basura. También lo han sido los que le precedieron y nos llevaron hasta el punto en que estamos.

Mi aseveración no es visceral. Tiene fundamentos muy claros que ahora le voy a comunicar.

La basura se define, según la Real Academia Española, como una cosa que ensucia, desechos, desperdicios, estiércol, algo repugnante, despreciable o de muy baja calidad. Después de esta semana creo que todas definen bien su gestión.

Podría terminar la columna aquí y habré sido más que elocuente. Pero no lo haré. Prefiero elaborar un poco más.

A modo de ejemplo tomemos el caso de Peñuelas. Sus comunidades llevan luchando durante años para detener el depósito de cenizas tóxicas de la compañía multinacional AES en el vertedero aledaño a sus hogares.

La Escuela de Salud Pública del Recinto de Ciencias Médicas ha documentado ampliamente la prevalencia de enfermedades que existen en la zona a causa del depósito de esas cenizas.

Los peñolanos y vecinos de Guayama, donde está ubicada la Planta de AES, tienen 2.5 veces más propensión a padecer asma, 2.2 veces más posibilidades de padecer sinusitis, 3.2 más bronquitis, 7.6 veces más urticaria (manchas e inflamación en la piel, acompañadas de un intenso picor) y 6 veces más prevalencia de abortos espontáneos cuando se les compara con otras partes del país.

Ante esta crisis de salud nacional brutal, usted tuvo la osadía de publicar un tuit hace 11 días que leía: “Convirtiendo en ley el proyecto del Senado 81 para prohibir el depósito y disposición de cenizas de carbón o residuos en Puerto Rico”.

¡Mintió descaradamente! Esta semana decenas de camiones llenos de veneno irrumpieron en las comunidades peñolanas para amenazar su salud protegidos por la policía que todos(as) pagamos para que proteja nuestras vidas.

La misma que usted ha utilizado para macanear y amedrentar estudiantes, cuadrar el presupuesto a base de multas de tránsito abusivas y oprimir a los ancianos de Peñuelas que luchan, literalmente, por sus vidas.

Esta semana, en San Juan, usted firmaba nuevos incentivos contributivos para que estadounidenses millonarios emigraran a Puerto Rico sin la necesidad de crear una cantidad determinada de empleos. Mientras tanto, en Peñuelas se intoxicaba la vida de nuestras comunidades pobres y marginadas.

Pero ahí no queda la cosa. Su presidente de la Cámara de Representantes, Johnny Méndez, sacó tiempo para intimidar a la gerencia de un periódico y provocó que se cancelara el espacio que por una década había ocupado la caricatura del icónico ‘Pepito’, porque le incomodó a la representante María Milagros Charbonier.

Su silencio es tan ensordecedor como revelador. Deja al descubierto que apoya este tipo de represión e intimidación. ¿Con qué cara su gobierno podrá criticar la terrible situación en nuestra hermana Venezuela cuando su gobierno hace exactamente lo mismo, suprimiendo la libertad de prensa y la expresión de su gente?

Usted está borracho del poder que no tiene. Es el gobernador totalmente castrado de esta colonia caribeña. Gobierna como si fuera apoyado por la mayoría cuando en realidad llegó a La Fortaleza con el apoyo de una pírrica minoría.

En el fondo creo que usted solo busca imitar al presidente de su nación, Donald Trump. El traicionó a su país con Rusia; usted nos ha traicionado vilmente con el capital financiero.

Por eso creo que hablo por la inmensa mayoría de Puerto Rico al decirle que su gobierno nos repugna. Es asqueante, despreciable, estiércol indeseable, un desperdicio de baja calidad.

Disculpe usted si entiende que le ofendo. Es que, como buen cristiano, tomo a Jesús como ejemplo. A quienes abusaban del pueblo él les decía víboras, hipócritas, sepulcros blanqueados y lidiaba con ellos a base de latigazos.

Nosotros, al igual que Pepito, les llamamos basura.