¿Como para cuándo dejamos el desarrollo económico?

Lea la opinión de Julio Rivera Saniel

Por Julio Rivera Saniel

Recortes. A eso se ha reducido la discusión pública en lo que va de año, una discusión cuya agenda ha sido dictada en gran medida por la Junta de Control Fiscal y sus recomendaciones. El pedido es gastar menos y reducir más. Pero, tal y como han advertido múltiples conocedores del tema económico, los recortes por sí solos solamente traerán problemas a la economía local. Según economistas locales o incluso el premio de Economía Joseph Stiglitz, una política de recortes dramáticos, como los que experimenta el país, solo llevará a la isla al caos, sobre todo porque no han llegado acompañados de medidas de desarrollo económico. Nunca es suficiente repetirlo.

A nivel local, el Gobierno ha apostado a proponer una reducción en el costo de hacer negocios en Puerto Rico, bajar las contribuciones a lo que ha llamado “los sectores productivos” y una incipiente reforma contributiva que, según se anticipó, debería dejar más dinero en el bolsillo de la clase trabajadora. También ha apostado a agilizar el otorgamiento de permisos e idear un “nuevo modelo energético”. En la práctica, sin embargo, poco se ha visto del efecto de esas medidas. De seguro porque, por definición, pasos como esos requieren tiempo para madurar. A eso añada que la oficialidad ha implantado una reforma laboral, pero, según portavoces del sector de las pequeñas y medianas empresas (indiscutiblemente uno de los protagonistas cuando se habla de productividad y generación de empleos en la isla), los cambios apenas les han hecho cosquillas y, en contraparte, parecen haber beneficiado al renglón de las empresas extranjeras. En definitiva, el desarrollo económico que produzca la entrada de dinero nuevo a la isla no se produce.

La Junta de Control Fiscal, que promueve a toda prisa los recortes en los gastos, no parece haberles adjudicado el mismo nivel de interés a medidas que amortigüen los efectos de los recortes. Y no lo han hecho —al menos públicamente— a pesar de que a ello les obliga la Ley PROMESA.

El pasado diciembre, el grupo de trabajo creado por la Casa Blanca para atender el tema de la situación económico-fiscal de Puerto Rico presentó un informe voluminoso en el que recomendaba legislación congresional que traería más fondos federales y propone que se legisle para proveer de asistencia a las pymes y realizar enmiendas al Código de Rentas Internas de EE. UU. que permitan reclamar créditos contributivos por hijos dependientes. Las propuestas, sin embargo, se han quedado en el papel. Si no es así, diga usted, cuál fue la última de esas recomendaciones que ha sido aprobada por el congreso federal. O, si gusta, conteste qué idea de desarrollo económico ha puesto la Junta sobre la mesa para evitar el caos que traerán los recortes. Ninguna; cero.

Mientras la falta de celeridad en las medidas de desarrollo económico continúa imparable, la Junta ha insistido en la posibilidad de reducir en un 20 % la jornada de trabajo de los empleados públicos. O, lo que es lo mismo, que los empleados del “principal patrono del país” tendrán 20 % menos de dinero en su cheque. O, si lo prefiere, 20 % menos de dinero para cumplir con sus compromisos mensuales; 20 % menos de dinero para pagar sus hipotecas, hacer sus compras, pagar el carro, alimentar a sus hijos. 20 % menos dinero que gastar en una economía sustentada en el consumo. A eso sume la posibilidad de eliminar el bono de Navidad, que es la base para las ventas navideñas y la razón por la que los comercios contratan personal extra durante diciembre. ¿Cómo un panorama de constantes recortes garantizará la estabilidad económica para garantizar los recursos que necesita el país para sacar los pies del plato y pagar sus deudas? Como decía el estimado Juan Manuel García Pasalacqua, es un “mysterium tremendum et fascinans”.

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