La moral en calzoncillos

Lea la opinión de Dennise Pérez

Por Dennise Pérez

Soy producto de un colegio católico y lo llevo a mucho orgullo.

Es la educación que mis padres eligieron, la que sudaron más allá de sus posibilidades para mí y mis hermanas. Y les funcionó.

Ayer, cuando navegaba en las redes, me dio una punzadita en el corazón cuando leí un titular que decía: “Cierra colegio católico en Caguas”. Accedí inmediatamente a la nota para asegurarme de que no se trataba de donde yo estudié, cosa que me hubiera sorprendido bastante, dado que mis sobrinos estudian ahí y asumo que ya me habría enterado o habría tenido señales previas. Se trataba de otro colegio, uno que cuando yo estudiaba era muy competitivo académicamente. La razón ofrecida fue “la escasez de vocaciones y religiosos”.

Hace unas semanas se informaba en los medios que unos cuatro colegios católicos estaban cerrando operaciones debido a las bajas en sus matrículas. No es muy diferente a lo que sucede en el sistema público, que a su vez es un reflejo de lo que sucede en Puerto Rico. Si, además del fenómeno migratorio, le suma las ascendentes ganas que hay aquí de no parir, pues no hay tanta matrícula.

Pero los colegios católicos tienen otro reto que enfrentar y que no está enmarcado en ninguno de esos dos retos anteriores. Y es dejar de predicar la moral en calzoncillos.

¿Cómo es posible que uno tenga que escuchar al arzobispo, jefe de la Iglesia católica y jefe práctico de los colegios católicos, hablando de la crisis económica y fiscal que enfrenta Puerto Rico, de las injusticias que enfrentan los trabajadores y de las maldades del sistema de gobierno cuando ha guardado un silencio asqueroso e inmoral ante el robo del plan de pensiones de más de mil maestros de colegios católicos? Maestros que ganaban mucho menos que en el sistema público y que luego de décadas de dar clases están literalmente condenados a vivir con tan poco que dan ganas de llorar.

¿Cómo es posible que, cometiendo la peor de las injusticias laborales, ordene cerrar esos mismos colegios católicos durante un paro general “en solidaridad con los trabajadores” y que en la misma carta nos pida a los padres orar con fe? ¿Con qué fe? ¿Con la misma que les pidió a los maestros que esperaran su retiro para después dejarlos ‘espetaos’ en la pobreza?

¿Cómo es posible que yo me tenga que tragar sin queja la angustia tuitera a lo Trump del arzobispo porque haya un evento electoral un domingo para que después resulte que él dio misa, tocó las campanas y después fue y votó? ¿Qué clase de loquera es esta?

Yo desconozco las razones para el cierre de los colegios católicos, pero la verdad es que hace tiempo que las vocaciones religiosas están en precario. No aquí, en todo el mundo. De hecho, el colegio donde estudié era fundamentalmente de monjas en su origen. El tiempo pasó y cuando yo estudiaba quizás quedaban tres o cuatro. Hoy día si quedan dos es mucho. Y eso no cerró el colegio. No tiene sentido esa excusa para un cierre.

Pero sí es cierto que los padres no son ciegos. Se dan cuenta de las inconsistencias entre el dicho y el hecho. Saben que no tienen que tragársela porque son mentes independientes y saben que hay posibilidades de una buena educación académica en otras partes.

Tampoco es que los padres deciden la educación de sus niños basados en el arzobispo. Yo no lo he hecho. No es para tanto. Pero tanto da la gota en la piedra… ¡Cansa!

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