Matamos a Puerto Rico

Lea la columna de opinión de Alex Delgado.

Por Alex Delgado

Matamos a Puerto Rico y no nos percatamos porque, como somos “boricuas pa’ que tú lo sepas”, pues podemos hacer, deshacer y nunca nos pasará nada. Esa es la actitud de miles de puertorriqueños (no todos, pero sí muchos), ya sea ejecutando, promoviendo y/o justificando acciones violentas. Cuando usted dice “yo no respaldo acciones violentas, pero…”, ese “pero” es, a mi juicio, una justificación suavizada.

Vamos a estipular, del saque, que el gobierno ha venido matando a Puerto Rico con sus malas decisiones por años y que si esta isla está en coma hoy, en gran medida, se lo debemos al gobierno. La isla vive una inestabilidad social influenciada, en gran parte, por la situación económica. Todos sabíamos que se estaban tomando decisiones gubernamentales equivocadas, pero como no nos afectaba directamente, nos importaba poco. No nos importaba que se cuadraran presupuestos con préstamos o que se tomaran dichos préstamos con información falsa, porque el cheque del trabajo o de la asistencia del gobierno nos llegaba. Miramos para el lado y como no nos importaba mucho, pues a los políticos menos.

Hoy, cuando se acabaron los trucos del sombrero, llegamos al tope, al punto que no hay para comprar la droga que nos mantiene calmaditos (no lo tome literal), y hay que recortar, reventamos como petardo y nos preguntamos qué pasó. Le mentamos la madre a los políticos, pero en el pasado nos importaba un bledo como hacían y deshacían con lo nuestro. Créame, que si el problema no fuera que no hay más dinero en el gobierno, ni margen para coger más prestado, hoy tampoco nos importaría la deuda.

Puerto Rico está agonoizando y tenemos dos opciones, nos ponemos los zapatos y enrollamos las mangas o le pegamos el tiro final nosotros mismos, que es lo que estamos haciendo, por lo menos un grupo minoritario. Debemos entender que con el capital nativo no es suficiente para salir a flote, por lo que tenemos que buscar incrementar la inversión extranjera, ya sea de Estados Unidos, China, Alemania, o de cualquier parte del mundo. Debemos hacer que Puerto Rico brille. Mi impresión es que la inmensa mayoría del país está en esas, pero un pequeño sector, pensando solo en lo suyo o en cuestiones ideológicas, está dispuesto a pegarle fuego por las cuatro esquinas a la isla y llevarse al resto del país enredao’.

La semana pasada fueron los taxistas. Estos, en su guerrilla barata contra Uber, se han encargado de mostrar a nuestros visitantes, la peor cara de los puertorriqueños, que no es la de la mayoría. No quieren a Uber en las zonas turísticas y decidieron el viernes tampoco brindar el servicio, tomando el control de que un turista o un ciudadano no llegara a su destino. Los tienen bien grandes. Se atrincheraron en una protesta frente al Centro Gubernamental Minillas y cuando el gobernador Ricardo Rosselló autorizó la entrada de Uber a las zonas turísticas y el aeropuerto para atendenr a los pasajeros, entonces salieron corriendo a tartar de impedirlo.
El lunes anterior tuve que utilizar un taxi de Isla Grande al área del Museo de Arte en Santurce. Por 6 minutos de viaje, el taxista me cobró $22.00. Uber hubiera sido entre $4.00 y $6.00. El ladrón (porque lo que me dió fue un tumbe) tiene la fuerza de cara de sugerirme la propina. Según me explicaron en la Compañía de Turismo, lo regulado es que en la zona turística hay una tarifa fija de $12.00, más $2.00 de un cargo por gasolina, más $1.00 por maleta. Bajo esa circunstancia se supone me cobraran entre $15 y 16, tres o cuatro veces más que Uber. Por abusos como esos el pueblo se está jartando de los taxistas. Por mí, mientras pueda, no vuelvo a auspiciarlos.

Creo que los taxistas y los conductors de Uber deben estar bajo las mismas condiciones y la nueva regulación que venga debe ser en beneficio del pueblo, no en beneficio de los taxistas. El gobierno debe flexibilizar las regulaciones de los taxistas y que estos abaraten los costos de transporte. Pero los taxistas no quieren. Buscan que les impongan a los conductores de Uber lo que le aplican a ellos, lo que podría provocar aumento en las tarifas de la compañía privada y desalentarla de permanecer en la isla. Ahí el pueblo queda secuestrado por los taxistas, nuevamente. Con esto usted debe entender que a los taxistas les importa tres pepinos su bolsillo. Eso no es todo. Desean ampliar las zonas turísticas y crucificar a los residentes de dichas zonas con sus abusos.

¿Qué vimos el viernes? Nuevamente vandalismo contra los conductores de Uber, que son puertorriqueños buscando sustentarse en tiempos difíciles. Cosas como esas, y como los actos criminales tras la manifestación del 1 de mayo en Hato Rey espanta a cualquiera, pero a esos grupos no les importa. Para unos lo único importante es su bolsillo y para otros crear un clima de inestabilidad con fines puramente ideológicos.

Finalmente, tomemos el ejemplo de Walmart. Su impacto en la economía, le guste o no, es millonariamente positivo para Puerto Rico. Su nómina es millonaria y redunda en empleos, con una media que sobrepasa los $10.00 por hora. Busque cuánto compra esta empresa a nuestros agricultores y empresas nativas y cuánto dona a organizaciones, como por ejemplo, el Banco de Alimentos de Puerto Rico, que a su vez brinda comida a organizaciones sin fines de lucro. ¿Que debe repensarse las ubicaciones futuras para proteger comercios locales? Es un punto válido, pero usted y yo sabemos que por representar capital norteamericano, hay sectores que buscan desalentar este tipo de inversión. Agraciadamente, hasta el momento, el intento no le ha hecho ni cosquillas. Quite a esta empresa de la isla y piense el impacto negative en una economía en coma.

Regresando al tema de cómo matamos a Puerto Rico, las manifestaciones son necesarias y tienen que darse. No se puede intentar reprimir el derecho de un pueblo a hacerlo. ¿Cómo hacerlo? Ahí está mi diferencia. No puede ser intentando implantar una anarquía encapuchada con violencia y reprimiendo derechos de la mayoría del pueblo.
Supongamos que usted tuviera dinero para invertir. ¿Tendría a Venezuela como una opción?, ¿invertiría allí? Si su contestación es que no, entonces ¿que le hace pensar que aquí, proyectando una imagen similar, va a estar la inversión “choreta”. Si usted cree que por el solo hecho de ser “boricua pa’ que tú lo sepas” el mundo se muere por venir a invertir, “no matter what”, pues está bien equivocado. Si seguimos permitiendo esas barbaridades, estamos matando a Puerto Rico. Sí, en Venzuela hay esas manifestaciones, en Estados Unidos, Francia y otras parte, pero pensar que por eso aquí, un país quebrado y sin recursos suficientes, va a tener el mismo que allá, con el mayor respeto le digo que eso es un pensamiento torpe.

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