Columna de Rafael Lenín: Changuería selectiva

“La comparecencia de la alta oficialidad gubernamental al día siguiente con un operativo de limpieza fue exagerada”.

Columna de Rafael Lenín: Changuería selectiva

Puerto Rico padece de una changería selectiva. Padecemos de una susceptibilidad exagerada, pero que se manifiesta solo para asuntos particulares, casi siempre con las estrategias que asumen algunos sectores de la sociedad para defender causas colectivas.

Advierto de entrada que este escrito no debe ser interpretado como un apoyo a la violencia como estrategia para luchas sociales. La violencia tiene que ser rechazada en todas sus manifestaciones, sobre todo en un país como el nuestro, donde la delincuencia callejera protagonizada por el bajo mundo es parte de la cotidianidad.

La violencia, por las motivaciones que sean, no puede ser justificada en nuestra sociedad. No podemos dar la más mínima señal de apoyo a un acto violento, por más legítima que sea su razón, y pretender que no ocurra lo mismo en otros escenarios sociales.

No podemos justificarla tampoco, aunque haya señales de provocación o de errores tácticos del Estado para evitarla. Tampoco podemos justificarla porque lo mismo ocurra en otros países, incluso los industrializados, donde se viven coyunturas similares. 

Sin embargo, a lo que no podemos llegar es a esa indignación colectiva, de vergüenza sobre el qué dirán, cuando ya ni se nos sonroja el rostro en la discusión sobre el crimen callejero, la educación pública o incluso sobre la quiebra ya declarada. Tampoco nos desgarramos las vestiduras ante la corrupción pública, la impunidad ante nuestros funcionarios señalados por actos deshonestos o por el bipartidismo culpable de la crisis que enfrentamos.

Como si no tuviéramos razones de más para avergonzarnos por otras cosas, decidimos gritar, casi llamando a que los quemen en la hoguera, a los “encapuchados” y “pelús” que causaron el caos por varias horas el lunes en la tarde. Al final del día, la destrucción —injustificable, repito— se redujo a cristales rotos, paredes con grafiti y algunos incendios menores inconsecuentes.  La comparecencia de la alta oficialidad gubernamental al día siguiente con un operativo de limpieza fue exagerada.

Ojalá, la capacidad de indignación mostrada en estos días se manifieste para defender lo más preciado que puede tener una sociedad con deseos de prosperar: la educación accesible.

Mientras la indignación no sea proporcional para los asuntos más importantes, todo se reduce a una changuería que esconde prejuicios ideológicos trasnochados.