UPR: La respuesta

Lea la columna de opinión de Alex Delgado.

Por Alex Delgado

La pasada semana publiqué el escrito “UPR: ¿Fobia al trabajo?” donde expuse historias publicadas de jóvenes que expresaron las vicisitudes que pasan para estudiar: hambre, falta de transportación y otros. Me basé en un artículo y en una entrevista de TV. Destaqué que en lo publicado no se habló de trabajo, como alternativa para que los jóvenes estudiantes puedan allegar fondos y cubrir sus necesidades, como lo han hecho miles y miles de puertorriqueños, que se han partido el lomo trabajando, con una carga académica de tiempo completo y/o tomando préstamos estudiantiles, en caso que fuera necesario.

En el programa televisivo el líder estudiantil dijo que si aumentaban los créditos de la Universidad de Puerto Rico, sobraría menos dinero de la beca para los estudiantes pagar otros gastos de estudios, por lo que evitar el aumento es algo necesario para que los estudiantes, y cito: “no tengan que trabajar”. Eso fue un hecho. Sí, en el caso del estudiante, cuando le pregunté cuál era el problema con trabajar mientras se estudia, entonces aclaró que no había problema, pero ya había dicho su punto principal, que no tengan que trabajar. No entiendo porque un estudiante no puede trabajar cuando cursa estudios universitarios, al contrario, lo expone desde temprano al mundo laboral al que se enfrentará una vez culmine estudios.

Como ningún medio había expuesto historias de jóvenes que que tuvieron que sacrificarse trabajando para costear sus estudios, pues expuse la mía. ¿Reacción? Que no debo hablar, que no me compete lo que ocurre en la Universidad, aunque pague con mi contribuciones parte de las operaciones de la academia. No me sorprende para nada. Tampoco me quita el sueño y por más ataques que me hagan, no van a silenciarme.

Dos de los que se tomaron la molestia de leer mi escrito, y también reaccionar, fueron los estudiantes Carolina Mejías Rivera y Carlos Ortíz Burgos.

No tengo el espacio necesario para ir punto por punto, pero traeré los más importantes. En el caso de Mejías Rivera, ésta plantea en Metro que trabaja en la Universidad y en proyectos sociales. Muy bien, aclarado, no obstante, en mi escrito fui específico en que si trabajaban, por lo menos no se había destacado en el artículo publicado. ¿Porqué?, pues no soy yo el que tiene la respuesta. Indica: “La insinuación de que los estudiantes de la UPR, incluyendo los que recibimos beca, no queremos trabajar es errado”. No Mejías, no dije, ni insinué que los estudiantes de la UPR no quieren trabajar. Hablé directa y específicamente de los estudiantes de la UPR que no quieren trabajar, los que tienen la mentalidad de que les tenemos que dar todo. De esos sí hablé y me reitero. Agradezco su gesto de prestarme sus zapatos, para que me ponga en su lugar. Me los puse mientras estudiaba en la UPR, como dije en mi escrito, pasé necesidades como usted, así como miles y miles de jóvenes, y aquí estoy, en pie de lucha, también aportando a esta patria, porque créame, no solo los que piensan como usted son los que hacen patria. En su caso, aún con las diferencias que podamos tener, le felicito públicamente por ser una luchadora, y debe ser usted un ejemplo de superación para los que van a pajarear a la UPR y a cualquier otra universidad esperando que le den todo en bandeja de plata.

Vamos con el joven Ortíz Burgos. Este joven plantea que tampoco proviene de una familia de recursos económicos y que también trabaja mientras estudia.

En su escrito (Diálogo-UPR) el joven plantea: “olvida que la universidad está diseñada para que los estudiantes no necesiten trabajar.” Debo suponer que su postura es que un estudiante de la UPR no debe trabajar y solo dedicarse a sus estudios, por lo que los contribuyentes deben costearles la matrícula, los libros, el hospedaje, la transportación y los alimentos. Si es esa, estipulada la diferencia.

Añade: “Igualmente, aquellos estudiantes de Ciencias Naturales, ¿cómo van a tener doce créditos mínimo, involucrarse en organizaciones, participar en investigaciones u otros proyectos para elevar su nivel de competencia? Eso sin mencionar a estudiantes –como una amiga mía- que toman hasta veintiún créditos, siete cursos, para adelantar sus dobles concentraciones. ¿Tiene usted idea de hasta qué horas ensayan los estudiantes de Drama? ¿Cuándo se supone que los estudiantes de Historia visiten los archivos para sus investigaciones si la mitad de su tiempo están en clase y la otra trabajando?” Amigo, aunque usted pueda entender que sí, esto no es algo exclusivo de su generación. Así ha sido la vida universitaria para miles que buscaron convertirse en personas profesionales, y bajo esas mismas condiciones muchos estudiantes han tenido que hacer grandes esfuerzos para ayudar a costearse sus estudios. En el caso de su amiga, tomar 21 créditos de un golpe para adelantar dos concentraciones es algo que se debe reconocer. No obstante, hay otros que se adaptan a las realidades generales y a sus propias realidades para lograr sus metas, pero no pueden pretender que el sistema se adapte a las diferentes necesidades o deseo de cada individuo si no se puede.

De otra parte me indica: “…si estudiaba cuando aún la PR 22 no se terminaba, supongo que ha llovido bastante desde entonces. Como reportero usted debería saber que en los pasados diez años el costo de vida en la isla se ha disparado…” Consciente que sus estudios son en Historia del Arte, pues le explico que el salario mínimo, para esa época, era mucho menos de $7.25 por hora, por lo que su planteamiento es algo relativo.

Dice, “¡Gran solución la que nos da usted! Que busquemos un trabajo ‘part-time’, uno en el que hoy legalmente nos puede hacer trabajar por diez horas con un descanso de treinta minutos para luego ir a coger cuatro clases”. No sea exagerado en eso de trabajar 10 horas y luego tomar cuatro clases un mismo día. Si usted se matriculó en cuatro clases un mismo día, pues ese día no trabaje, distribuya el trabajo en los otros días. Lo importante es que se invierta más tiempo en buscar como hacer las cosas, en lugar de quejarse constantemente.

El mundo laboral de hoy es muy distinto al de hace unos años, la competencia y la tecnología son dos cosas que ponen a todo el mundo a andar con el cuchillo en la boca, no solo en materia de conocimiento. Su desea un ambiente estudiantil relax, sin trabajo, sin sacrificarse, pues créame que cuando llegue al mundo laboral y sus demandas, tremenda sorpresa se puede llevar. Si va a buscar trabajo con mentalidad de unionado, pobre de usted.

“La debacle económica en la que los políticos nos han sumido, y el cómo afecta al estudiantado sencillamente no la podemos confrontar consiguiéndonos un ‘part-time’.” Totalmente de acuerdo con usted en que la claque política azul y roja nos han traído a esta crisis. Nos endeudaron con obras servibles e inservibles, ayudando a los amigos y también accediendo a las presiones de los sindicatos, de los estudiantes y de diversos sectores que votaban pensando en quién le daba más y no le quitaba. Ahora, lamentablemente para usted, para mí y para muchos, esa debacle la tendremos que confrontar todos, nos guste o no.

Del resto del escrito de Ortíz Burgos la mayoría son boberías emocionales, ataques que, por lo menos en mí, no provocan absolutamente nada. Tan es así que me reitero en cada palabra, punto, y coma, salvo la aclaración de la joven Mejías Rivera. Nuevamente, quejarse constantemente es perder el tiempo si lo que se avecina no tiene marcha atrás. Lo que viene no creo lo despinta nadie. Inviertan esfuerzos en buscar soluciones de allegar más recursos a la Universidad. Se han planteado algunas como un cargo al marbete, una tablilla especial y otras cosas. Yo, como ex alumno de la UPR, estoy más que dispuesto a colaborar en estos momentos con esas causas. Ciertamente hay derecho a la queja, hay quejas válidas que atender, pero otra cosa es la queja constante. Aunque les pueda decepcionar a algunos dentro y fuera de la UPR, de mi no esperen me una al departamento dramático del pataleo y la queja constante. ¿Que vamos a hacer para atraer nuevos recursos e ingresos? Cuenten conmigo.

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