¿Y los viejos dónde están?

Lea la columna de opinión de Mariliana Torres.

¿Y los viejos dónde están?

Las noticias en lo que va de semana han estado cargadas del pesimismo que arropa al país. El marasmo se nota en la calle y los constituyentes que no les interesaban los temas económicos de repente se han hecho expertos. De hecho, aportan más que los llamados fotutos comunicadores. Esos que hablan sin parar en la radio sin tener preparación del tema y sin saber de qué hablan. Lo único que hacen es administrar el miedo colectivo y auspiciar la migración de profesionales esenciales en el país. Mientras muchos están precisamente pensando en irse, poco se habla de nuestros viejos. Ese sector de personas de edad avanzada que aceleradamente aumenta y que no puede ir para ninguna parte porque aquí nació, decidió retirarse hasta que concluya su vida en la tierra que ama y, además, no tiene los medios económicos para reiniciar una vida en otro lugar. Todos tenemos adultos mayores en nuestras familias. Mire a su alrededor y dígame qué medida de contingencia ha pensado o tomará para garantizarle calidad de vida a ese ser que tanto luchó por usted. ¿Ha pensado en los servicios médicos que necesita? ¿Quién lo cuidará? ¿Cómo lo alimentará? ¿Está pensando en abandonarlos porque representan una carga?

Nuestro país se está llenando de personas de edad avanzada que necesitan servicios especiales que el Gobierno no puede ofrecerles por los altos costos, y en medio de la coyuntura fiscal ni los menciona. Se señala para colmo que los incentivos para construir instalaciones para envejecientes serán eliminados. Entonces, sin techo, salud, dinero y compañía, ¿qué calidad de vida les espera? Me parece que debemos incluirnos todos porque nadie despinta el envejecimiento. Vamos todos por el mismo camino, convirtiéndonos en la población más vulnerable.

Tuve la oportunidad de conversar con varios adultos mayores retirados sobre la situación del país. No piense que están ajenos; al contrario, más alertas que nunca y con una profunda indignación por las medidas tomadas por todos los gobiernos que se han dedicado a vaciar las arcas y otorgar contratos sin pensar en el futuro del pueblo. “Ahora todos pagamos las consecuencias de las malas administraciones”, se les escucha decir. Descorazonados por la incertidumbre que les causa no saber qué pasará con su retiro y de dónde sacarán el dinero para pagar sus medicamentos de mantenimiento, reclaman piedad. Esa palabra me golpeó duramente, pues en esa misma situación estamos todos. No la miremos como una situación ajena, pues la deuda pública, que debería auditarse, la cargamos todos. Me perturba que ante la falta de dinero y la intención de que lo poco que hay es para pagar a bonistas se promueva el abandono de las personas de edad avanzada. Es un asunto de dignidad humana y de discriminación contra el viejo.

Sabemos que en los últimos años ha aumentado la tendencia del abandono de envejecientes en los hospitales. Las administraciones de gobierno lo han aceptado y censurado, pero tampoco saben qué hacer con ellos. Varias familias se han ido del país dejando en las instalaciones de salud a sus parientes mayores. Me pregunto si ahora con los recortes propuestos en el sector de la salud se ha contemplado el cuido de las personas de edad avanzada abandonadas o acaso las van a lanzar a la calle sin protección, ocasionándoles la muerte. Si quiere constatar lo que menciono, solo tiene que pasar por el Centro Médico de Río Piedras e irá contanto sobre 100 adultos mayores abandonados que el personal médico atiende diligentemente por deber, caridad, amor y dignidad.

Las familias que dejan a los viejos abandonados se podrán zafar ahora de su responsabilidad, pero de la vejez no se zafa nadie, y les tocará el turno a ellos en algún momento. Proteger a nuestros viejos parece no estar en la larga lista de las medidas tomadas. El que no tiene problemas económicos no le importa, pero no tener un centavo para comer o comprar medicamentos es aterrador.