Las mujeres valen menos

Jerohim Ortiz Menchaca se expresa sobre la situación de menosprecio que viven las mujeres en Puerto Rico y el mundo

Las mujeres valen menos

A todas las mujeres de Puerto Rico:

 

Lo que expresaré causará rabia y dolor. Pero, al país, la verdad.

Ni en Puerto Rico, ni en el mundo ustedes son iguales a los hombres. Nunca lo han sido y, a juzgar por lo que ha sucedido en el país en los últimos meses, la mayoría de ustedes morirá sin serlo jamás. La verdad es que en su diario vivir somos nosotros los que controlamos todo.

Es importante que alguien se los diga: Su trabajo vale menos. Su cuerpo vale menos. Sus ideas valen menos. Sus sueños y aspiraciones valen menos. Su libertad es menos y su capacidad de superarse es mucho menos.

Evidencia de más existe al respecto. Ustedes son la mayoría poblacional pero solo constituyen el 42% de la fuerza laboral. Ganan, en promedio, 21% menos que los hombres en el campo profesional aún teniendo la misma preparación académica y experiencia laboral.

Entre las 500 empresas más grandes del país ocupan solo el 7.5% de las posiciones gerenciales de mayor relevancia.

Son la mayoría del electorado pero solo ocupan el 13.5% de los principales puestos electivos y de 11 gobernantes solo una ha sido mujer.

El año pasado el 84% de las querellas por violencia de género fueron perpetradas contra ustedes y el 58% de la pobreza en Puerto Rico tiene sus rostros.

A nivel mundial la historia es igual. Solo hay dos mujeres entre las primeras 50 personas más ricas y solo el 10% del mundo tiene hoy una jefa de Estado.

Claro, han alcanzado grandes avances en materia de derechos y libertades pero, no se confundan, todos los datos sustentan el hecho de que no somos iguales. Ustedes valen menos para esta sociedad.

Si todo lo que expreso les indigna y les hace hervir la sangre me alegro, a mi también.

Muchos vivimos convencidos de que ustedes son capaces de realizar lo que quieran, que nadie debe controlar sus cuerpos, su voluntad, ni ultrajar su dignidad y que deben gozar de las mismas oportunidades que nosotros. Pero ese no es el país en el que vivimos.

Ustedes, al igual que nosotros, no pueden hacer nada para esfumar el vergonzoso privilegio que hemos tenido los hombres por el mero hecho de ser hombres; pero si podemos hacer mucho para que el privilegio nuestro sea el derecho de todas y todos nuestras hijas e hijos.

Pero ¿cómo atajamos esta situación de inequidad?

Deberíamos comenzar por restablecer la educación con perspectiva de género en las escuelas para que nuestras futuras generaciones crezcan sabiendo que lo que quieran ser o hacer en sus vidas no está predeterminado por sus genitales sino por aquello que les llene y haga feliz.

En un plazo mucho más inmediato podemos mostrar intolerancia total hacia aquellos oficiales electos que condicionen la posición laboral de una mujer a que esta le satisfaga sexualmente. La consigna tiene que sentirse en todos lados: Héctor O’Neill se tiene que ir.

Además no podemos condonar las acciones de las mujeres que, teniendo el poder para subsanar este mal, miraron para otro lado y callaron. Por eso, la secretaria de justicia, la directora de la Oficina de Ética Gubernamental y la presidenta del Panel de Fiscal Especial Independiente también se tienen que ir.

Por último, es necesario que, sobre todo ustedes, dejen de sabotear los esfuerzos de lucha que se hacen para visibilizar la inequidad y exigir que se acabe ya. Llegar tarde a su trabajo una hora, un día, una vez al año no debe incomodar cuando se trata de atajar los cientos de años en los que se ha mancillado su dignidad.

Es importante que entendamos —parafraseando a Noam Chomsky— que los derechos no se reconocen nunca, se conquistan siempre.

A este país lo han dirigido hombres desde sus inicios y ya ven a dónde hemos llegado. Ustedes pueden tomar la batuta, habemos muchos que las apoyamos.