Meteoros

Lea la columna de Mariliana Torres.

Meteoros

Con la llegada de nuevos productos informativos en el ciberespacio ha incrementado el interés de las personas por formar grupos dedicados a descifrar cómo se comportará el tiempo en nuestra zona. Me parece cautivador que se llamen meteorólogos aficionados. También igual de atrayente es encontrar que por lo menos una decena de estudiantes de Periodismo se quieran dedicar a la ciencia destruyendo así la hipótesis de que los comunicadores no somos buenos en matemáticas ni física.

Esa fijación por lo desconocido, porque ni siquiera los verdaderos meteorólogos pueden descifrar exactamente cómo la naturaleza se comportará, es fascinante. Hago esa referencia por la crítica desmedida de personas sin conocimiento a los meterólogos profesionales, certificados y graduados que en ocasiones aciertan y en otras no. Es injusta la crítica si no se entiende cuál es su rol y cómo su conocimiento va de la mano con la interpretación. Por lo tanto, ellos no venden resultados ni tampoco tienen una bola de cristal.

Me encontré con una dama aficionada a esos menesteres preocupada por la credibilidad del periodista meteorólogo. En fin, decidí aclararle a la espigada mujer que los meteorólogos no son periodistas.  Los meteorólogos son científicos que, en todo caso, si salen por televisión y emiten opiniones por los medios de comunicación, podemos llamarles periodistas científicos si luego de su especialización siguen o se interesan por estudiar esa rama.

Aquí en Puerto Rico la mayoría primero se dedica al periodismo y luego estudia meteorología. Otros primero estudiaron física y, por circunstancias de la vida, llegaron a la televisión. Cabe señalar que todos los que conozco son muy profesionales y aman su profesión, más aún cuando viven en un país tropical y la temporada de huracanes es su “Super Bowl”. De hecho, aquí deberían darle más importancia a ese segmento en las noticias, aunque los productores entiendan que “no está pasando nada”. Vamos a aclararle que, por ser zona tropical, siempre debe haber un asunto que discutir. Nada más con las advertencias marítimas tenemos bastante.

El problema radica en la falta de creatividad para llevar la información. Cabe destacar que no estoy promoviendo convertirlos en mercaderes del tiempo. Al contrario, se trata de comprender que ellos tienen un compromiso tal como lo tiene el periodista de informar y no desinformar. El interés de la gente por el tiempo tiene su reflejo en lo que ven, leen y escuchan en los medios de comunicación. Ante tanta responsabilidad hay que tener más presente cómo transmito y explico los términos meteorológicos. Es indispensable tener buen criterio para divulgar la información sin causar histeria o especulaciones innecesarias. Interesarse por mejorar las capacidades de divulgar correctamente promueven la calidad de la información y la credibilidad. Fíjese en la responsabilidad del que emite noticias del tiempo valiosas para la comunidad: comunicar eficazmente, elaborar el pronóstico de alta fiabilidad, memorizar un guion y presentarse ante millones de personas con naturalidad, seguridad y optimismo.

Los meteoros, como realmente deberíamos llamarles a los expertos del tiempo, porque la palabra meteorología ni siquiera aparece en el diccionario de la Real Academia Española, son sumamente relevantes. Su información se debería mirar a partir de la prevención, pues su fin es evitar desgracias personales. Además, miles de personas no salen de sus casas sin revisar cómo estará el tiempo porque, en lugar de burlarse y cuestionar a los expertos, su información es vital para decenas de industrias. ¿Sabía usted que la economía del país se mueve a partir de cómo están las condiciones del tiempo? Desde el transporte aéreo, marítimo, la agricultura, cada alimento que se sirve en la mesa, la asistencia a las escuelas, a las citas médicas y hasta los tribunales se rigen por las condiciones del tiempo. Por ello se debe mirar como ciencia al servicio de la sociedad.