2016 asesinatos y secuestros contra la prensa

Lea la columna de Mariliana Torres.

2016 asesinatos y secuestros contra la prensa

La libertad de prensa ha pasado por uno de los peores años en su difícil travesía por mantener al pueblo informado. El año 2016 cierra con balances indignantes y elevados de muertes, desapariciones y secuestros a comunicadores. Además, cerrará con uno de los peores balances de negación y falta de transparencia de información pública.

Hasta el momento, el sitio en Internet Reporteros sin Fronteras, que lleva el barómetro de periodistas en graves problemas en el mundo por hacer su trabajo, indica que hay 348 periodistas encarcelados y 52 tomados como rehenes. Destaco que 21 de ellos están detenidos por el grupo terrorista Estado Islámico (EI). Actualmente, el país más peligroso para ejercer periodismo es Siria. Todos conocemos la violencia de sus calles debido a la crisis política, terrorismo de grupos como EI, que han ocasionado miles de muertes, y la denuncia constante de violación de los derechos humanos en la región. Luego de Siria, le sigue Yemen e Irak. En esos países mencionados se intenta hacer el trabajo, pero la mayoría que denuncia las atrocidades es desaparecida de las calles y encarcelada. Esa es peligrosamente una tendencia alcista comparada con el 2015, debido a que aumentó en un 6 % el encarcelamiento de comunicadores. Los periodistas comprometidos con el ejercicio de la libertad de prensa y sin ningún temor son casi siempre independientes de medio de comunicación, pues los emporios mediáticos prefieren la protección de los ejércitos de su país e ir como parte de la misión. Ello tiene sus pros y sus contras, pues los receptores pueden percibir cierta parcialidad y se afecta el grado de objetividad de la historia. Hay que destacar que, aunque Siria, Yemen e Irak son países donde se viola cada minuto la libertad de prensa, sigue siendo Turquía el país con mayor cantidad de aprensiones de comunicadores con un 22 %, que aumentó luego del fallido intento de derrocar el gobierno en verano pasado. Es decir, hay más de 100 periodistas encarcelados nada más en Turquía por denunciar las violaciones de derechos del Gobierno. El problema de ello es que, por más que las organizaciones internacionales han intervenido por su liberación, la autoridad turca insiste en que los periodistas han ejercido su profesión en claro menosprecio de las leyes turcas colocando en riesgo la autoridad gubernamental.

Imagínese usted, los representantes del presidente turco Recep Tayyip hacen redadas en los medios de comunicación, arrestan los periodistas y no se sabe de ellos. Solo se informa más tarde que se los llevan que se les acusa de insulto al presidente. Lo peor de este recrudecimiento de violencia a la prensa en Turquía es que hay silencio o miedo de intervención por parte de países con poder en Europa. Se esperaría que los más cercanos y muy vocales en términos de libertad de información se expresarán, pero, en cambio, la Unión Europea ha callado ocasionando un silencio sospechoso.

Como dato interesante e importante, la organización de periodistas mundial Reporteros Sin Fronteras incluye en sus estadísticas por primera vez en la historia del periodismo universal a periodistas-ciudadanos. Ello es destacable debido a que personas comunes interesadas en que se conozca la verdad se involucran en la difícil misión de obtener datos, imágenes y sonidos que constatan situaciones indignantes. Esa información es calificada como suministrada y utilizada por los medios de comunicación. El dueño del material, lamentablemente, en ocasiones, no sobrevive. Debido a la incursión de los medios digitales con mayor potencia que los tradicionales el periodismo-ciudadano en esos países ha cobrado fuerza e importancia. En estos momentos hay tres periodistas-ciudadanos y cinco colaboradores encarcelados.

Desde nuestra isla caribeña, ¿qué nosotros, los periodistas en Puerto Rico, podemos hacer para evitar estas tragedias? Podemos constatar que no estamos enajenados de las barbaridades contra la profesión y no perder las ganas de denunciar cada atropello. Tener la valentía desde nuestra isla caribeña de denunciar los improperios y violaciones que también aquí cometen los gobiernos en contra de la libertad de prensa. Las organizaciones de prensa en Puerto Rico y las universidades dedicadas a formar comunicadores también deben denunciar la vejación a nuestra profesión. Una cosa es que el periodismo es la cuarta profesión más peligrosa del mundo y aceptemos todo y otra cosa es que los gobiernos se cieguen a las violaciones de ley y permitan la impunidad. Cada uno de los ataques, secuestros, desapariciones y los cerca de 80 periodistas asesinados este año merecen que se luche contra el extremismo por la libertad de la información y la búsqueda de la verdad.