¿Te has puesto a pensar alguna vez en las cosas que han ocurrido en tu vida gracias a alguien que lo facilitó? Es posible que a algunas de estas personas ni siquiera las hayas vuelto a ver o recuerdes sus nombres. Pero sabes que dejaron en ti una huella profundamente significativa.
Buscando citas inspiradoras para un nuevo libro que estoy escribiendo, me encontré con esta de Paulo Coelho: “No, nunca he visto un ángel, pero resulta irrelevante el que lo haya visto o no. Siento su presencia a mi alrededor”. Yo tampoco he visto un ángel. De hecho, no soy persona de tener experiencias místicas reveladoras, excepto uno que otro sueño que pueda recordar.
En ocasiones, he escuchado a personas narrar experiencias espirituales o describir mensajes angélicos que les han llegado y no les puedo negar que me he sentido un poco mal de que a mí nadie me ha tratado de “contactar”. Lo que sí he podido lograr en mi vida es escuchar y ver señales claras de personas que, aunque no tenían alas ni cuerpos traslúcidos que emitían olor a rosas, han pasado por mi vida y la han transformado sin ellas mismas saberlo.
Recuerdo aquella amiga de un ex que me habló por primera vez del libro Metafísica 4 en 1, de Conny Méndez, el cual transformó mi visión de la espiritualidad para la década de los ochenta y redirigió mi vida. Recuerdo aquella mujer norteamericana que, sin saber el miedo que yo le tenía a publicar mi primer libro, me miró y me dijo que, hasta que no comenzara a escribir “los libros” que tenía que escribir, mi energía no comenzaría a fluir. Recuerdo a aquel ejecutivo de televisión que, también sin conocerme, vio un demo que había grabado para un programa mío de entrevistas y sin pensarlo dos veces me dijo: “¿Cuándo quieres comenzar?”.
Hoy puede ser el día. Alguien cruzará tu camino sin saber qué pasó, y, si lo permites, hará una diferencia en tu vida. Ábrete a esos encuentros y recuerda en agradecimiento aquellos que ya se han dado.



