Cuentas Pendientes:la memoria, la verdad, la justicia y, tal vez, el perdón

Por Carlos Weber

Desde 1973, mis 11 de septiembre han tenido cargas emocionales de dimensiones colosales. El primero, rápidamente empezó a  mostrar la hedionda lengua de la serpiente. Marcó el fin de un inédito proyecto por construir un país más justo. No un país sin problemas. Un país más justo. Con redistribución del ingreso para hacerlo más igualitario. Que todo niño recibiera el medio litro de leche que nunca antes había tomado. Ese primer 11 de septiembre, las fuerzas armadas chilenas, que invadieron su propio país, hicieron añicos los sueños y la justicia. Su primera víctima, o por lo menos la más notoria, sería el presidente de la república, Salvador Allende. Luego las víctimas nos multiplicamos por cientos de miles con diferentes destinos, pero todos agresivamente dolorosos.  Encarcelados, golpeados, torturados, exiliados, fusilados, asesinados o la modalidad, que no era nueva, pero a la que ellos sacaron lustre: Detenidos-Desaparecidos.

Todos mis otros 11 de septiembre, los pasé en el exilio. Siete en Argentina. Seis en Estados Unidos y 29 en Puerto Rico. No todos fueron iguales, pero todos tuvieron la misma columna vertebral. Acentuar la MEMORIA. Aunque no se pueda hablar; NO OLVIDAR y saber que solo LA VERDAD, en algún momento, podría traer JUSTICIA. Después de eso, quizá, y solo quizá, podría llegar el PERDÓN. Nunca antes. No puede haber borrón y cuenta nueva. Los nuevos y viejos políticos y funcionarios no pueden gritarnos que debemos olvidar y pasar la página para que el país eche a andar. ¡No señor! Así el país caminaría cojo o deforme. Además,  si aceptáramos algo tan irracional como lo que proponen los que no quieren revisar la historia; como podríamos mirar a los ojos a nuestras madres, padres, hermanos, e hijos?  No, no es posible. Tercamente, hasta que me muera, seguiré recordando con nitidez a los responsables de convertirme en apátrida.

Este año, 2016, el 11 de septiembre llega con otra carga emocional. Se estrenará el documental “Cuentas Pendientes” en el cual sirvo como un puente para recrear hechos, relaciones y cuestionamientos en una familia obrera que fue duramente golpeada por la dictadura, MI familia. También nos acercamos a algunos amigos y compañeros que vivieron conmigo nuestro intento de crear un nuevo país y transitamos juntos el primer año después del golpe de estado. El producto está terminado y ahora lo exponemos a ustedes para que hagan la disección ética y estética de la pieza terminada. Al final de cuentas, una obra, una vez finalizada, deja de ser de su o sus autores para ser de todos y cada cual la verá con sus propios ojos, inteligencia, grandeza y prejuicios.

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