Columna de Mariliana Torres: Amarillo no es mi color

Por Mariliana Torres @MarilianaTorres

Nunca he creído todo lo que me dicen. De hecho, tenía un profesor que repetía constantemente que la verdad es relativa y que los periodistas no podemos garantizar la verdad. Parte de ser un periodista responsable es contrastar datos para poder hallar la verdad y rechazar las noticias falsas que promueven el amarillismo. Los principios básicos del periodismo identifican la verdad como uno de los objetivos fundamentales de la profesión. Por eso, cuando se cubren situaciones en las que la verdad es una herramienta indispensable, siempre me he preguntado por qué se divulga información sin confirmar ni contrastar. Reiteradamente se da a conocer información en las redes sociales y en algunos medios de comunicación que no es un cien por ciento correcta e impacta la credibilidad informativa. En ocasiones, el periodista confía demasiado en su entrevistado o en su fuente de información sin investigar si realmente está diciendo la verdad. Cuestionar toda información recibida es una herramienta funcional en periodismo.

Recientemente nos enteramos de la muerte del artista mexicano Juan Gabriel. Lo puse en duda porque habían anunciado su fallecimiento en varias ocasiones por las redes sociales y varios medios tradicionales lo repitieron. Periodismo irresponsable, porque los autores de esta fueron medios de comunicación que se hicieron eco del chisme y el rumor. Lamentablemente, en esta ocasión el fallecimiento del astro fue cierto.  A muchos otros artistas también los han desaparecido del planeta ocasionándole profundo dolor a sus respectivas familias. Pura casualidad que el ejemplo mencionado sea del ámbito del entretenimiento.

La divulgación de noticias sin corroborar —lo que causa sensacionalismo— se encuentra en todos los ámbitos de la información. Transmitir información sensacionalista, si bien es cierto que es una dimensión del periodismo, tiene consecuencias letales para la credibilidad. Sin embargo, es muy golosa económicamente para muchos. Identificar a los que cometen esa irresponsabilidad es vital para defender los principios de la verdad, precisión y rigurosidad del periodismo. La defensa del sensacionalismo como periodismo surge del respaldo que a lo largo de los años han recibido revistas y talkshows radiales y televisivos que se dedican a la prensa amarilla y se apropian de una audiencia sedienta de melodrama y emociones. Por ello es que el sensacionalismo se le otorga el grado de tendencia. Si logras capturar la audiencia basándote en la noticia sensacionalista, entonces se produce dinero, y eso es todo lo que desea el que invierte en ese tipo de programa. Esas desviaciones mediáticas causan que los asuntos importantes se dejen a un lado, otorgándole relevancia a lo que no es significativo. Ejemplo de ello es la vida privada de personas famosas, como la familia Kardashian. Su imperio económico se ha construido y consolidado gracias a su fiel audiencia interesada en la intimidad de cada uno de los personajes. Como la familia es negociante y sabe que la preferencia por el sensacionalismo escala unos niveles económicos insospechados, lo utiliza para aumentar su riqueza.

El problema de las noticias sensacionalistas es que golpean duramente al periodismo serio, articulado, pertinente, que rechaza el morbo, la banalización y la falsedad. Una de las consecuencias más terribles del sensacionalismo es que promueve la violencia. Sin embargo, para ser justa, la noticia sensacionalista tiene como escudos la agilidad, el humor y la ocurriencia de cómo transmite la información y por ello llama la atención de las audiencias de todas las clases sociales. Ojo con ello, porque quiere decir que la manera en que estamos entregando el periodismo tradicional no es tan atractivo y mucho menos que estamos ante un lector con poca educación. Hay muchas maneras de escribir o narrar hechos, y sin duda el periodismo amarillo se agarra de ello para fortalecer destrezas que no tiene y así amarrar a su público. Esa particularidad hay que destacarla. Independientemente de su dimensión, el periodismo amarillo o sensacionalista debería procurar la humanidad, tan escasa en nuestros días.

Los periodistas no estamos para perjudicar a las personas o entidades. Seamos conscientes de que, cuando escribimos o difundimos imágenes, el impacto es más allá de los implicados y que herir sensibilidades no es nuestro deber.
 

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