Columna de Julio Rivera Saniel: ¿Dónde esta la “ruta corta”?

Por Julio Rivera Saniel @riverasaniel

La vida da muchas vueltas. Sobretodo cuando se trata del mundo electoral y las promesas que se hacen a propósito de las elecciones que vivimos cada cuatro años. Si alguien sabe del tema es la gente de Vieques. Porque con contadísimas excepciones, la Isla Nena ha sido vista por la clase política como un mar en el que pescar votos en año electoral. Se trata de un municipio en estado de crisis. Con una tasa de incidencia de cáncer 40 % más alta que la del resto del país según estudios de científicos locales. A eso añada escasez y encarecimiento de productos o servicios que tienen como raíz el pobrísimo sistema de comunicación que les conecta con el resto de su patria. No les han faltado promesas.

La más reciente fue la del gobernador Alejandro García Padilla quien durante la campaña electoral que le llevó a La Fortaleza, prometió que finalmente le daría vida a la llamada “ruta corta”. Se trata de una ruta que conecta a Vieques con el resto del país en la mitad del tiempo que la ruta que tiene como origen la ciudad de Fajardo. Esa ruta funcionaría entre el muelle de la Parcela 3 en la antigua base naval Roosevelt Roads en Ceiba y el llamado “rompeolas” de la Bahía Mosquito en la Isla Nena. No podría haber mas lógica en el proyecto porque a fin de cuentas acorta a la mitad el viaje que, desde allí, solo tomaría entre 20 y 25 minutos. Pero a pesar de la promesa, la ruta no ha llegado. Para su demora ha habido una larga lista de excusas. La primera se agarraba de que el Gobierno de Estados Unidos no había liberado los terrenos donde ubica la Parcela 3. Pero esos terrenos ya han sido liberados. Luego llegó la excusa de la oposición de Fajardo que veía amenazados sus ingresos municipales ante la llegada de un puerto más eficiente. Más tarde la excusa sería el dinero. Sin embargo, un análisis realizado por expertos y que fue divulgado en medio de un proceso de vistas públicas, apunta a que la excusa de la falta de dinero en tiempo de crisis es solo eso: una excusa.

Claro que hay crisis y que el dinero escasea. Pero lo cierto es que solo es necesario $1 millón de dólares para completar el proyecto. Después de todo, la principal inversión fue hecha hace más de 10 años bajo la administración de Sila María Calderón. Fue entonces que bajo una inversión millonaria se habilitó el puerto que permitiría dar vida a la “Ruta Corta”. Pero más de 10 años después, la inversión ha sufrido un amplio deterioro por causa de la inacción de las administraciones siguientes —rojas y azules. A pesar de ello, el senador por Carolina, Luis Daniel Rivera Filomeno, ha divulgado que los expertos han concluido que con unos retoques mínimos y la inversión de $1 millón, los viequenses podrían disfrutar de una vez y por todas de su ruta corta. Para nosotros, los que vivimos en la Isla Grande, con la comodidad de agarrar un carro y llegar a nuestro trabajo, citas médicas y opciones de ocio, la idea de invertir ese millón de dólares podría parecer absurda o banal. Si cae en la tentación de pensar de esa forma, hágase un favor y pregúntele a un viequense. De seguro le hablará de los dolores de cabeza por la falta de transporte, de la imposibilidad de llevar a las mujeres embarazadas a un hospital en condiciones para su parto o de buscar trabajo fuera de su municipio donde las oportunidades son más que limitadas. Para diversas voces del liderato viequense el problema ha sido la falta de ganas de los funcionarios encargados. El propio Rivera Filomeno lo denunciaba. “Aquí lo que ha habido es un problema de falta de voluntad administrativa”, me dijo. Y quien administra la Autoridad para el Transporte Marítimo es José Ruiz, una figura que para muchos en la Isla Nena ha arrastrado los pies con el proyecto. ¿No es posible conseguir $1 millón para hacer justicia a los vecinos de la Isla Nena, pero sí permitir el pago de horas extras por $100 mil o $75 mil anuales a empleados y otras ineficiencias administrativas? Si lo que faltan son ganas, recuperarán las energías si conversan unos minutos con los hermanos viequenses. A ver si una vez y por todas saldamos la deuda histórica con esos hermanos de los que no solo nos separa una estrecha franja de mar, sino una abundante indiferencia colectiva.
 

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