Columna de Mariliana Torres: Política promiscua

Si decidiéramos votar por los políticos que han cumplido sus promesas, ninguno merecería nuestro voto. ¡Qué difícil se le hace cumplir lo que prometieron en sus campañas electorales! Ahora, en las puertas de otras elecciones generales, el pueblo votante debería echar a un lado el fanatismo y repensar quiénes serán las personas a cargo de reconstruir una isla al abismo.  En esta ocasión, no hay nada seguro porque no hay dinero. Cada una de las promesas que están haciendo está sujeta a un dinero que no existe. No hay dinero ni para comprar papel higiénico en las escuelas. No hay dinero para pagarles a los que otorgan servicios indispensables, como los terapeutas de niños de educación especial. No hay dinero para mantenimiento de transportes, ni siquiera para comprar gasolina. Pero, como por arte de magia, aparecen millones para la Autoridad de Energía Eléctrica y la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados.

A modo de ejemplo, la partida para la emisión de bonos del proyecto de revitalización de la Autoridad de Acueductos aumentó de $500 millones a $900 millones. Luego, nos sorprendieron con otra cifra de $2,000 millones. Pero, si solo necesitaban $500 millones, ¿cómo es que de la noche a la mañana necesitan $2,000? ¿Para qué específicamente se utilizarán? ¿Reparaciones de salideros de agua? Recordemos que una de las primeras promesas fue rescatar los millones que se pierden por el chorro debido a la falta de mantenimiento. Pero ese dinero ya se había identificado. Entonces, al final del cuatrienio, piden más y, para colmo, nos aumentan la cantidad mensual por recibir el servicio. Contra toda política estratégica para ganar adeptos, aumentará también la factura de energía eléctrica. Y, para colmo, los invito a que revisen sus facturas de AutoExpreso. Resulta que han recibido multas Raimundo y todo el mundo porque, contrario a lo estipulado, no están honrando las 72 horas de gracia para que usted recargue su cuenta luego de pasar por el sistema de peaje sin dinero en su cuenta. Así que se esperan demandas por engaño. Gracias al trabajo periodístico es que descubrimos las artimañas administrativas, y eso que nos niegan los documentos públicos. Siempre se sabe la verdad, aunque la escondan debajo de las piedras. Casi siempre los desmanes salen a chorro en los informes de las transicciones de gobierno. Pero, en esta ocasión, están saliendo antes. A solo cuatro meses de las elecciones, no cuadra la suma y los bolsillos de los puertorriqueños están más que vacíos.  Este próximo viernes, Puerto Rico enfrentará el impago más grande de su pésima historia financiera, y esto no debe llenar de orgullo a nadie. ¿Qué alternativas tiene la isla? Ninguna. La incertidumbre es fatal porque desconocemos cómo caerán en bloque cada uno de los servicios esenciales: la salud, la seguridad y la educación. Si se fijan, lo que realmente los gobiernos por décadas en Puerto Rico han necesitado es un buen administrador, no políticos interesados en su beneficio. El 8 de noviembre no nos podemos ir a la cama con un sinsabor.  Sí, es cierto que, aun seleccionando de la papeleta los mejores, no se nos quitará la incertidumbre. Probablemente, ya estaremos ante lo desconocido: la imposición de una junta de control fiscal que ejecutará administrativamente y a duras penas dejará que el próximo gobernador tome decisiones. En términos de fiscalización, los periodistas tendremos trabajo a manos llenas, aunque nos niegue los documentos el ente administrativo norteamericano. En definitiva, la nueva política de noviembre queda en una situación complicada y en el medio estamos todos. Los ciudadanos, que deberíamos ser la fuerza del cambio y el equilibrio, tenemos todo el derecho de exigir y estar dispuestos a ayudar a salvar al país invadido por la política promiscua. Es momento de que nos pongamos de acuerdo por el bien de todos.