Columna de Rafael Lenín López: Tras la ONU, ¿qué?

Han pasado más de 72 horas desde que el gobernador de Puerto Rico acudiera a un comité de la Organización de las Naciones Unidas e hiciera una denuncia formal contra los Estados Unidos por mentirle a la comunidad internacional. Sí, casi tres días. ¿Y qué ha dicho la nación del norte? Absolutamente nada. Nadie en Washington parece escandalizado.

Imagínese que la denuncia la hubiera hecho cualquier otro país, sobre todo uno con el que los Estados Unidos tuviera algún vínculo político o económico. Si hubiera venido de un aliado real, ¿cuál habría sido la respuesta? La reacción del más alto nivel del Gobierno federal ya la hubiéramos visto. 

Ese no ha sido el caso de Puerto Rico, la isla que dicen ellos les ha contribuido tanto en sangre y en otros tantos aspectos, más allá de la música de Ricky Martin o el talento de Lin-Manuel en Broadway.

Ese silencio debe alarmarnos, no solo al país entero, sino, particularmente, al propio denunciante, el gobernador.  Pero, claro, el sentido de urgencia o necesidad de reaccionar para ellos no existe, porque ya han respondido en tiempos recientes de todas las maneras posibles. Faltan las señales de humo o la clave morse.

Además, saben otra cosa, que los puertorriqueños no pasaremos de ahí en nuestro reclamo.

Muestra de ello es la acción del propio gobernador, quien 48 horas después de barrer el piso con los Estados Unidos ante la ONU, aliándose indirectamente con el sector independentista, que por décadas ha encabezado la peregrinación anual en ese foro, acudió el martes a toda prisa a Washington para reanudar su pedido de auxilio ante la crisis fiscal del ELA, aunque ello implique la imposición de una junta que supone la muestra más clara del colonialismo que él mismo denunció.  Puso en suspenso su reclamo al mundo para reinsertarse en la dinámica colonial.

Estados Unidos comprende nuestras contradicciones, el resultado del miedo por la dominación política, y, por ello, saben que no tienen que alarmarse ante las quejas, por más subidas de tono que parezcan. Ellos pusieron en la mesa todas las cartas que están dispuestos a tirar y ahora resta de Puerto Rico hacer la jugada que mejor le convenga.

En esa ecuación, el liderato político puertorriqueño que se juega el poder en las próximas elecciones no parece comprender lo que ocurre y debate para las gradas confiando en ganar, en un sector de la población, los votos decisivos que están en subasta.  Esa es la prioridad para los comités de campaña de los dos candidatos principales a la gobernación.

Los partidos Nuevo Progresista y Popular Democrático están enfrascados en cuál de sus propuestas plebiscitarias recalentadas es la mejor.  El PNP se bandea entre la consulta y el Plan Tennessee para enamorar a la derecha, mientras que el PPD aún no redefine el ELA al que aspiran, lo que mantiene a sus dos polos ideológicos en un debate público que invisibiliza la figura de poder que debe representar el Dr. Bernier.

A todas estas, nadie sabe qué está dispuesto a conceder Estados Unidos en una nueva relación con Puerto Rico. En ese plano, se nos olvida que el Departamento de Justicia de Estados Unidos ya realizó o habría comenzado un análisis a esos efectos bajo la secretaría de Eric Holder. Ello fue como resultado del proyecto que radicó Obama a principios de este cuatrienio para viabilizar un plebiscito vinculante en el cual las opciones a plantearse tuvieran que pasar el filtro del Gobierno federal.  Consta en el récord público que esas discusiones se dieron, particularmente entre estadolibristas y el Departamento de Justicia de Estados Unidos. Pero, cuando las cosas parecían avanzar, renunció Holder y nos cayó encima la crisis fiscal. ¿Hasta dónde llegó ese análisis de Justicia federal? Sería bueno conocerlo y así se le despejaría el panorama al PPD.

Sobre lo que pasó en la ONU, me pareció que fue la candidata a la gobernación del PIP la que produjo la propuesta más práctica y menos difícil de ejecutar.  Pidió al Comité de Descolonización que asuma un rol de mediador entre Estados Unidos y quienes defienden la descolonización de la isla. La senadora María de Lourdes Santiago, muy sabiamente, les dejó a los otros que han llegado muy tarde los viejos pedidos que no han tenido resultados y propuso otra cosa. Obviamente, las relaciones del PIP con los países allí representados hicieron que fuera su idea la única reconocida de inmediato. Y es que, a fin de cuentas, la denuncia de Alejandro García Padilla resulta histórica por tratarse de un gobernador incumbente, pero su queja es la que por más de 30 años ha acogido ese comité internacional sin que se produzca reacción alguna de la comunidad de naciones organizada allí.

¿Habrá reacción de la comunidad internacional? Eso está por verse. De no ocurrir, el organismo se proyectará como uno inconsecuente, como los planteamientos que sugirieron el lunes en sus ponencias anexionistas y autonomistas. De continuar el silencio de la Asamblea General de la ONU, el ejercicio del pasado 20 de junio pasará como una gran ilusión de muchos al saborear, por solo unas horas, el juego que ocurre entre los países que alcanzaron su adultez.  Allí los vi, otra vez, desde la primera fila.  A ver lo que dice el tiempo.

Mejor no me lo pudo resumir en la tediosa fila del aeropuerto de Nueva York antes de abordar nuestro avión de regreso una boricua radicada en EE. UU. Me comentaba de nuestra cobertura para Noticentro: “Estuvo bueno eso en la ONU. Ahora a ver si en Puerto Rico se deciden… Yo quisiera que se decidieran”, me dijo la peñolana que lleva 13 años laborando en un comedor escolar en Virginia.

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