¿Tienes “legañas” en tus ojos?

Suena el despertador. Extiendes tu mano para apagar la alarma aún estando dormido. Luego de cinco o diez minutos, cuando por fin decides levantarte, abres los ojos y compruebas que tienes unas partículas pequeñas y molestosas en ellos, unos granitos a los que tú llamas “lagañas”, pero en la mayoría de los países hispanoamericanos les dicen “legañas”.

¿Y quién tiene la razón? ¿Los casi 500 millones de hispanohablantes o tú? Hoy te doy la respuesta.

Aunque no es una cuestión de razón ni de números, lo cierto es que la forma predilecta en casi todo el mundo hispánico para denominar al “líquido que segregan la mucosa y las glándulas de los párpados” es “legaña”, con “e”. Por eso, un chileno o un mexicano se levantan con “legañas”.

Sin embargo, en la Isla del Encanto, los boricuas no despiertan con “legañas” en sus ojos, sino con “lagañas”. ¿Por qué? Pues resulta que “lagaña” era la forma original que se introdujo —o quizá ya estaba― en la península ibérica antes de la llegada de los romanos.

No obstante, cuando esta palabra se incorpora al español, se convierte en “legaña”, relegando la expresión original “lagaña” al ámbito coloquial o incluso vulgar. Es decir, “legaña” pasa a ser la forma correcta y aceptada por los hispanohablantes, mientras que “lagaña” se rechaza y se considera incorrecta.

Hoy día son aceptadas ambas variantes, aunque en la mayoría de los países, como España, México y Chile, se considera correcta únicamente el término “legaña”. Pero en Puerto Rico ―y también en Costa Rica— se emplea exclusivamente “lagaña” y, por tanto, para sus habitantes, este vocablo es el correcto.

Así que, dependiendo de dónde te encuentres, tendrás “legañas” o “lagañas” al despertarte. Lo importante es que las remuevas con un paño tibio o un poco de agua, para que comiences tu día con los ojos abiertos y los oídos atentos a nuevas palabras y expresiones que enriquecerán tu vocabulario y conocimiento del idioma.