Columna de Francisco Zamora: Los pintores de Puerto Rico y de Autógrafo

Por Francisco Zamora

Sensibilidad, una palabra que debería ser más pronunciada y escuchada en nuestra isla, en realidad en el mundo entero. Es ese sentimiento profundo de la sensibilidad lo que nos hace poder mirarnos en los zapatos del otro y decidir si ante su vida somos solidarios.

En Autógrafo tenemos vivos ejemplos de seres extraordinarios que acuñaron el profundo sentido de esta palabra, sensibilidad. Y de la palabra pasaron a la acción, una acción que ayudaría a capturar un momento en la historia. Puedo pensar en tres hombres puertorriqueños que con su obra ayudaron a preservar y celebrar la cultura puertorriqueña. Y lo hicieron con el corazón. Hablo de José Campeche, Francisco Oller y Ramón Frade, tres pintores, tres artistas que tenían de musa al Puerto Rico que les tocó vivir.

José Campeche (1757-1809) fue el primer gran pintor puertorriqueño en adquirir conciencia de artista, Campeche fue hijo de un esclavo liberto y fue quien pintó la naciente identidad puertorriqueña del siglo XVIII. Campeche fue un gran misterio, no habían fotografías de él lo que teníamos de legado era su pintura, su gran obra.

La colección 1 de Autógrafo que se hizo para el 1996 fue una aventura porque tuvimos la oportunidad de trabajar a Campeche, Francisco Oller y Ramón Frade.

Francisco Oller (1833-1917) fue otro grande, él nació con una vista excepcional, imagínese nacer en donde hoy es el parque de las palomas en el Viejo San Juan, sin duda esa vista lo debió haber inspirado cada mañana que se levantaba. Oller decidió retratar nuestro país con su lienzo, estaba convencido de que la sociedad podía ser mejor a través del arte. No todos lo veían así, incluso, Oller fue incomprendido por la sociedad que le tocó vivir, su obra fue despreciada y la gran obra que vemos hoy, El Velorio, fue catalogada como su mayor desastre. Lo que es una gran locura si lo pensamos hoy. Al final la historia siempre tiene la última palabra y hoy las obras de Oller son retratos únicos de nuestra historia, retratos que estaban muy adelantados a su época y que nos alertaban de los cambios que se avecinaban con la industrialización en Puerto Rico.

Así que Campeche le pasó el batón a Oller y eventualmente éste se lo pasaría a Ramón Frade (1875-1954), todos con el norte de capturar lo que nos hace puertorriqueños. Frade no era tan conocido como Oller y Campeche pero su historia era única. El hombre venía de abajo, un cayeyano de clase trabajadora que además de ser pintor era fotógrafo, arquitecto, diseñador de muebles y muchas otras cosas más.

¿Qué tenían en común estos tres grandes artistas? Eran sensibles ante su entorno, estaban consientes de que vivían momentos apasionantes, vivían el cambio y se adelantaban a él.

Te invito a que veas estas cápsulas de estos tres puertorriqueños, creo que te pueden inspirar a ser sensible y vivir de manera extraordinaria.

 

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