Nueva sesión senatorial…otra vez
Lee aquí la columna del fundador y expresidente del partido Proyecto Dignidad
Este próximo lunes 17 de agosto comienza la segunda sesión del Senado de Puerto Rico del 2026. Frente a los múltiples problemas apremiantes que tenemos como sociedad, quisiéramos que el Senado se convirtiera en participante proactivo en la solución de los mismos. Para ser justos y en reconocimiento de nuestro esquema de gobierno republicano con separación de poderes, la legislación del Senado necesita de la aprobación por la Cámara de Representantes, con la consabida firma de la gobernadora para convertirse en ley. En la primera sesión legislativa, se convirtieron en ley 75 proyectos. ¿Cuántos de ellos serán significativos para nuestra vida como pueblo? Eso es algo que cada cual deberá juzgar. Por lo menos, por la Ley 78 del 10 de mayo de 2026, celebraremos el tercer domingo de febrero de cada año, como el Día del Sombrero. Ya tengo los míos…
El Senado, legislativamente hablando, es parte de una coreografía… que, para algunos, a veces pierde coordinación. Sin embargo, para otros, ejerce su deber constitucional de fiscalización y de consejo y consentimiento. En otras palabras, se niega a actuar como sello de goma del Poder Ejecutivo.
Quedan nominaciones por confirmar. Surgirán nuevas nominaciones. Necesitamos funcionarios probos y capaces para manejar nuestra conflictiva realidad pública. La función senatorial de consejo y consentimiento es parte fundamental del mecanismo constitucional que busca garantizarle al pueblo buenos servidores públicos. No necesariamente hay que estar de acuerdo con la autoridad nominadora. Los senadores deben ser jueces independientes de la capacidad de los nominados para llevar a cabo la función que se espera de ellos. También deben hurgar en la pasada ejecutoria de los mismos, en búsqueda del más mínimo conflicto de interés o acto de corrupción. Al final del día, más allá de trabajar para la gobernadora, los funcionarios confirmados trabajaran para un pueblo, quien paga su sueldo y quien recibirá las consecuencias de sus acciones.
No todos los funcionarios públicos están sometidos al escrutinio previo del Senado. Sin embargo, el Senado, en su capacidad investigativa y fiscalizadora, tiene la libertad de intervenir con aquellos que su ejecutoria no esté a la altura de lo que el pueblo espera y necesita. Si hay sospecha de corrupción, la responsabilidad es ineludible e indelegable. El tema de la corrupción es de los más preocupantes para el pueblo. Parecería ser que, más que el problema de una persona, es una actitud que permea todo el ambiente del gobierno. La mala administración, la ineptitud y la corrupción de los pasados gobiernos nos llevaron a la quiebra. Esta realidad nos sigue golpeando.
Necesitamos liderato y creatividad para solucionar nuestros problemas más apremiantes. Tenemos problemas en asuntos tan básicos como el agua y la energía eléctrica. La falta de estos servicios básicos causan desasosiego en la población, y no hablemos del daño que le hacen al desarrollo económico. Nos sigue golpeando la violencia sin que veamos solución en el horizonte. Tenemos problemas serios de salud. Nuestros estudiantes tienen deficiencias en su aprovechamiento educativo, por no decir que un porcentaje alto está fracasado. Tenemos problemas de contaminación ambiental. Nos estamos muriendo como sociedad. Nuestras mujeres no tienen hijos.
Frente a esta realidad funesta, necesitamos un Senado enfocado en atenderla. Lo que no puede pasar es que otro tipo de motivaciones, como la búsqueda de poder personal o protagonismo político y/o el beneficio partidista, desvíe la atención del cuerpo, malgaste tiempo y recursos valiosos, negándole así al pueblo la ayuda urgente que necesita, que a fin de cuentas es la razón por la cual fueron electos. ¡Fueron electos para resolver!
Todos los senadores deben hacer un ejercicio de introspección profunda. ¿Se sienten satisfechos de su ejecutoria en la pasada sesión? ¿Contribuyeron de manera significativa a mejorar la vida de un pueblo? ¿Qué de lo aprobado realmente cambió para bien a Puerto Rico? Una es la contestación que se da en público motivada por intereses políticos partidistas. Otra es la que nos grita nuestra conciencia… si todavía tenemos.
Tienen otro turno al bate.
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