Cinco maneras en que Puerto Rico puede tenderle la mano a Venezuela
Lee aquí la columna del abogado estadista
Hay tragedias que no necesitan traducción. El dolor de una madre que pierde su hogar, la incertidumbre de una familia que pasa la noche a la intemperie y la angustia de quienes no saben si sus seres queridos están a salvo son experiencias universales. Los recientes terremotos que han sacudido a Venezuela nos recuerdan cuán frágiles somos ante la fuerza de la naturaleza.
Los puertorriqueños no observamos este tipo de tragedias desde la distancia. Las vivimos. Los terremotos que estremecieron el sur de nuestra isla en 2020 y los huracanes Irma y María dejaron cicatrices profundas, pero también nos enseñaron el inmenso valor de la solidaridad. Sabemos lo que significa necesitar ayuda y también sabemos lo que significa recibirla.
Hoy, nos corresponde hacer nuestra parte. Estas son cinco maneras sencillas, pero poderosas, de ayudar a nuestros hermanos venezolanos:
La primera es donar a organizaciones humanitarias reconocidas. En una emergencia, una aportación económica suele tener mayor impacto que cualquier otro tipo de ayuda porque permite adquirir alimentos, agua potable, medicamentos y materiales de primera necesidad allí donde hacen falta y en el momento oportuno.
La segunda es respaldar los esfuerzos de la comunidad venezolana en Puerto Rico. Miles de venezolanos han hecho de nuestra isla su hogar. Muchos ya estarán organizando campañas para asistir a sus familiares y comunidades. Participar en esas iniciativas fortalece los lazos que unen a nuestros pueblos y multiplica el alcance de la ayuda.
La tercera es donar con responsabilidad. La buena voluntad debe ir acompañada de organización. Antes de entregar artículos o suministros, debemos asegurarnos de que respondan a las necesidades reales y de que existan mecanismos efectivos para hacerlos llegar a las zonas afectadas.
La cuarta es combatir la desinformación. En tiempos de crisis, abundan las noticias falsas y las campañas fraudulentas para recaudar dinero. Compartir únicamente información verificada y promover canales oficiales de ayuda también salva vidas y protege la generosidad de quienes desean colaborar.
Finalmente, la quinta es no olvidar a Venezuela cuando desaparezcan los titulares. La fase de emergencia ocupará días; la reconstrucción tomará meses y probablemente años. La verdadera solidaridad no se mide por la intensidad de la reacción inicial, sino por la constancia del compromiso.
Puerto Rico siempre ha respondido cuando el sufrimiento ha tocado a nuestra puerta. Lo vimos tras María, cuando el mundo entero nos extendió la mano. Hoy, tenemos la oportunidad de devolver ese gesto.
La solidaridad no conoce fronteras, idiomas ni ideologías. Une a pueblos que comprenden que mañana cualquiera de nosotros puede necesitar la ayuda de un desconocido.
Que Venezuela sepa que, desde esta pequeña isla del Caribe que también conoce el dolor de los desastres naturales, encontrará un pueblo dispuesto a acompañarla. Porque los terremotos derrumban edificios, pero la solidaridad tiene la extraordinaria capacidad de levantar naciones enteras.
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