Llueve y no escampa

Lee aquí la columna del exrepresentante por el PPD, abogado y comunicador

Por Jesús Manuel Ortiz

28 may, 4:00 am 2 min de lectura
Llueve y no escampa
Jesús Manuel Ortiz + columnista

La renuncia de un secretario de Estado, de Hacienda o de Seguridad Pública siempre sacude a un gobierno. Pero cuando quien abandona el barco, en un país con serios retos económicos, es el secretario de Desarrollo Económico, y además uno con buena imagen pública, el golpe es distinto. Más profundo. Más simbólico. La salida de Sebastián Negrón no parece la de un funcionario quemado por un escándalo o derrotado por la incompetencia. Por el contrario, su renuncia proyecta cansancio, frustración y, sobre todo, distancia de la administración a la que pertenecía.

Eso es lo que hace peligrosa esta salida para La Fortaleza.

Los gobiernos sobreviven controversias cuando todavía logran transmitir cohesión interna. Cuando las figuras con credibilidad permanecen y defienden el proyecto. Pero cuando los funcionarios que todavía conservan capital público empiezan a irse, el mensaje cambia. Ya no se trata de una crisis aislada: comienza a percibirse desgaste estructural.

La cara de una renuncia también comunica. Y la de Negrón no fue la de alguien celebrando nuevos horizontes profesionales. Fue la de alguien agotado de sostener una maquinaria que parece consumir a quienes intentan protegerla. En política, esas imágenes pesan más que 100 comunicados de prensa.

La gobernadora pierde más que un secretario. Pierde uno de los pocos funcionarios capaces de proyectar estabilidad, preparación y moderación en medio de una administración golpeada por controversias, conflictos internos y una narrativa pública cada vez más defensiva. En momentos de incertidumbre económica, la salida del principal rostro del desarrollo económico también envía señales al sector privado, a inversionistas y a quienes observan la capacidad real del gobierno para ejecutar su agenda.

Las administraciones rara vez se desploman de golpe. Empiezan a erosionarse lentamente, pieza por pieza. Primero llegan las diferencias internas. Luego las renuncias “personales”. Después aparece la percepción de desorden. Y cuando esa percepción se instala, el problema deja de ser administrativo y se convierte en político.

Por eso la salida de Negrón no debe verse como un cambio rutinario de gabinete. Puede ser una advertencia. Porque cuando en un gobierno comienza a irse la gente que todavía inspira confianza, lo que queda no siempre logra sostener el edificio.

Más columnas por Jesús Manuel Ortiz:

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de VISION NEWS MEDIA, LLC.