Opinión

Millonarios y camajanes

Lea la columna del Sociólogo Emilio Pantojas García.

Metro Puerto Rico
Emilio Pantojas Metro Puerto Rico

Puerto Rico es un país pobre habitado por millonarios que viven en bolsillos de riqueza. Esos millonarios ocupan espacios privilegiados: zonas costeras, parajes paradisiacos en la montaña y urbanizaciones y condominios de acceso controlado. Este es el Puerto Rico “VIP”. Allí conviven “ciudadanos Ley 22”, millonarios que se radican en la Isla para evitar pagar impuestos, desarrolladores que privatizan playas y desplazan comunidades, políticos y contratistas del gobierno. Un país dentro del país.

Pero no todos los millonarios son iguales. También hay empresarios que añaden valor y crean riqueza. Como aprendí en el INCAE Business School, crear riqueza no significa encarecer artificialmente los bienes cobrando por separado el refresco, el vaso y el hielo (¡!). Crear riqueza implica aumentar la calidad o utilidad de un producto, o producir algo nuevo. Especular no es crear riqueza; por el contrario, es redirigir y acaparar riqueza ya existente.

Ese tipo de actor económico que no crea valor pero sabe moverse dentro del sistema para capturarlo se le llama, entre otros motes, camaján. En nuestro Caribe, el camaján es un término popular que describe a una persona mañosa, oportunista y descarada, alguien que entiende cómo funciona el poder y se aprovecha de éste sin vergüenza ninguna. No se trata solo de individuos; el camaján es una figura social, una forma de actuar dentro de estructuras que lo permiten y lo premian.

Ese perfil se refleja con claridad en buena parte de nuestra clase política. Legisladores, jefes de agencia, alcaldes y hasta gobernadores se comportan como camajanes. No es casualidad, entonces, que las recientes vistas de la Comisión Total del Senado —celebradas justo antes del receso de Semana Santa— hayan expuesto con tanta crudeza cómo opera esa claque de camajanes millonarios vinculados al poder político, al cabildeo y a los contratos públicos.

La recientes vistas de la Comisión Total del Senado donde se interpeló al secretario de la gobernación Francisco Domenech para examinar posibles conflictos de interés en la otorgación de contratos del gobierno reveló patrones y conexiones sobre la claque de camajanes millonarios ligados al Partido Nuevo Progresista, a la compañía de cabildeo Politank y a su fundador y hoy secretario de la gobernación.

Justo antes del receso de la “Semana Mayor” averiguamos que Politank, la firma fundada por el actual secretario de gobierno: 1) Compró las acciones del secretario por $4 millones; 2) Incrementó los contratos del gobierno con sus clientes por más de $60 millones en poco más de un año desde la venta de la firma; 3) El nuevo principal oficial ejecutivo, presidente, secretario y agente residente de la firma es el exsecretario del Senado bajo la presidencia del actual presidente del Senado Thomas Rivera Schatz; 4) Que hay un protocolo verbal que deja a la discreción de una empleada de la oficina del secretario reclutada por él, decidir si existe conflicto de interés o de otra índole para el secretario sobre algún contrato, teniendo éste poderes extraordinarios para la aprobación de contratos de servicios, subastas, y otras licitaciones con el gobierno.

Lo que nunca se esclareció plenamente —y probablemente no se esclarecerá— es de dónde salieron los cuatro millones de dólares utilizados para esa recompra de acciones. Tampoco quedó claro quiénes controlan realmente la firma tras la transacción ni cómo se estructuró el proceso. Lo que sí quedó al descubierto fue el patrón de un gobierno que delega funciones éticas complejas en procedimientos informales, mientras concentra el poder decisional sobre contratos en claques políticas y camajanes.

Las vistas, que no produjeron consecuencias jurídicas inmediatas y parecieron servir más para ventilar el descaro que para corregirlo, confirmaron algo que ya sabíamos. En Puerto Rico existe una clase adinerada que se dedica al tráfico de influencias y cobra generosamente por esos servicios. El presupuesto consolidado del gobierno funciona como un gran bizcocho que se reparte entre camajanes, empleados y allegados de camajanes, “tutunpotes” de la política y negocios y firmas registradas para ejercer el cabildeo. El cabildeo es en última instancia una forma elegante de “tajureo” de los camajanes millonarios para apropiarse de una parte generosa de los fondos públicos estatales y federales.

Por eso causó tanta ansiedad y nerviosismo la posibilidad del triunfo electoral de Juan Dalmau en 2024. Un autodenominado estratega político del Partido Popular Democrático, analista y gerente de medios me escribió: “Emilio, el problema es que si gana Juan no hay vuelta atrás”. Y tenía razón. En Puerto Rico operan redes (piñas, mafias) de camajanes, tutunpotes, buscones, correveidiles, achichincles y oportunistas que se hacen millonarios traficando influencias, mientras policías, enfermeras, paramédicos, maestros y jubilados reciben salarios y pensiones de miseria. Ese es el verdadero conflicto del país: la lucha entre un Puerto Rico empobrecido viviendo en zozobra y un Puerto Rico VIP que aprendió a vivir del gobierno sin rendirle cuentas a nadie.

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