Opinión

Un cordero, una cruz, una Biblia

Lee aquí la columna del fundador y expresidente del partido Proyecto Dignidad

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Cesar Vazquez + columnistas

Parecería que Puerto Rico es ingobernable. A los males sociales que nos aquejan, no vemos solución. Todos los marcadores de una sociedad en deterioro están presentes en nuestro entorno. Vivimos con miedo a una violencia que, aunque indiscriminada, afecta mayoritariamente a algunos sectores de nuestra población. Tenemos problemas serios en el área de la salud, particularmente la salud mental y el abuso de sustancias. A pesar de una inversión millonaria en la educación de nuestros niños, cada vez son más los que fracasan en el manejo de destrezas básicas. Nuestros recursos naturales están en precario. La tasa de participación laboral es baja y tenemos una economía artificial sostenida por fondos federales, muchos de los cuales no son recurrentes. Nacen pocos niños, lo que provoca una pirámide poblacional invertida y el envejecimiento progresivo de nuestra población. Parecería que vamos rumbo a la extinción de ese ente llamado puertorriqueño. Para llover sobre mojado, nuestros gobiernos han sido un ejercicio en ineptitud, irresponsabilidad y franca corrupción.

Esto ha hecho que muchos recurran al cinismo y a la resignación, acuñando frases como “todos los gobiernos roban” y “esto no hay quien lo cambie”. Su actitud es “yo voy a buscar lo mío, aunque el mundo vuele en cantos a mi alrededor”. Su visión política es apoyar al que más ofrezca... aunque algo dentro de ellos les diga que los están manipulando con una mentira. Otros han decidido huir, ensimismados en mundos artificiales, avasallados por estímulos constantes que saturan su atención. Está el adicto josco, particularmente a la Internet, con demasiada violencia y pornografía. Otros, demasiados, recurren a la visa para un sueño... y pagan con alguna tarjeta de crédito, muchas veces preñá, un pasaje para cruzar el charco hacia el norte, buscando el sueño americano. El sueño, a veces, se convierte en pesadilla, y hay que laborar en más de un trabajo, tartamudear en inglés, enfrentar el discrimen y sufrir la la nostalgia de en mi Viejo San Juan. La vida no es fácil.

¿Dónde está la solución? Definitivamente no hay soluciones fáciles, inmediatas o mágicas. Los fondos federales son buenos, si se utilizan para el bien de un pueblo, no para engordar la vaca de la corrupción, entiéndese las cuentas bancarias de los “enchuflaos” al gobierno. Las soluciones no vendrán del “ americano”… pero pueden ayudar. Esperar como sujetos pasivos que sea el gobierno paternalista, controlador y omnipresente que nos resuelva es dormir el sueño socialista y despertar en el totalitarismo. Un gobierno honesto, porque está compuesto de hombres y mujeres honestos, con un conocimiento desapasionado de nuestra realidad, no segados por una inclinación ideológica y una visión clara de hacia dónde debemos dirigirnos como sociedad, es fundamental para que enderecemos nuestro rumbo. Pero no es suficiente.

La fundamental es que, en vez de echar culpas a otros, asumamos la responsabilidad por nuestro destino. Somos nosotros, como individuos y como sociedad, el elemento determinante de nuestro éxito o de nuestro fracaso. Encontrar soluciones efectivas comienza por entender que, para que eso ocurra, se debe involucrar de manera intencional un número significativo de nuestra sociedad. ¡Necesitamos aprender a trabajar juntos! A pesar de nuestras diferencias; a pesar de nuestras preferencias, debemos encontrar en el bien de todos el terreno común para la cooperación. A veces, hace falta el perdón.

Tenemos una referencia histórico-cultural que nos muestra cuáles son las actitudes necesarias. Nuestro escudo, el más viejo, todavía en uso en las Américas, nos muestra un Cordero, una cruz y una Biblia. El primer nombre de Puerto Rico fue la isla de San Juan Bautista; de ahí las siglas en latín que traducidas significan “Juan es su nombre”, en recuerdo del momento en que se le dio nombre al hombre que abriría camino al ministerio de Jesucristo en el pueblo de Israel. No nacimos en el vacío.

Recibimos el legado de la fe judeocristiana a través del catolicismo español, con sus luces y sus sombras. No somos ciegos a las contradicciones entre lo que se decía creer y cómo se actuaba. La manipulación de la religión con propósitos políticos y como instrumento de poder es innegable. Pero el evangelio no se sostiene por los errores históricos de las instituciones cristianas, católicas, protestantes o no denominacionales. El evangelio se sostiene porque Jesús resucitó y tiene toda autoridad en el cielo y en la tierra. Si ellos no vivieron el evangelio como deberían vivirlo, vivámoslo nosotros y seamos ejemplo de lo que predicamos. Tenemos no solo responsabilidades inmediatas, sino también eternas. “Tuve hambre y sed, estuve enfermo y en la cárcel y desnudo…”

El Cordero con la aureola es símbolo de Jesucristo, quien, con su sacrificio en la cruz, obraría la reconciliación de Dios con el hombre y del hombre con el otro hombre. Necesitamos reconciliarnos unos con otros.

No podemos seguir viéndonos como enemigos porque tengamos ideas o visiones diferentes. Estamos fracturados, y una casa dividida consigo misma no puede permanecer. Nos mata la lucha por el poder y la búsqueda de protagonismo. Jesús, siendo Dios encarnado, se humilló y, como un esclavo, lavó los pies de sus discípulos. Les dijo: “el hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos”. La evidencia de que amamos a Dios es que amamos al prójimo.

Tenemos la cruz, como recuerdo de la disposición que Jesús tuvo al sacrificio y su capacidad para enfrentar la crueldad humana. Sin esfuerzo, sin asumir riesgos, sin tolerancia al dolor y disposición al sacrificio, no cambiaremos el rumbo que llevamos como pueblo. Nos va a costar y puede ser que nos veamos el fruto de nuestras lágrimas. La pregunta del buscón es: ¿qué hay para mí? Se sorprenderían cuántas veces escuché esa pregunta en la campaña política.

Por último, el Cordero está sentado sobre la Biblia, que en el escudo original mostraba siete sellos que significaban el libro de Apocalipsis, donde Dios juzga la humanidad y Cristo es declarado Reyes de Reyes y Señor de Señores. La Biblia es símbolo de fe y verdad. Necesitamos la verdad sobre la realidad que enfrentamos. Nos han engañado repetidamente. No han vendido medias verdades, pero sobre todo nos han engañado haciéndonos creer que son lo que no son. Las publicistas se han encargado de maquillar a muchos para proyectar una imagen falsa.

De ahí la necesidad de presupuestos enormes para inundar los medios de comunicación con la mentira. Jesús dijo: “si ustedes permanecen en mis palabras, serán verdaderamente mis discípulos y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres”. Don Jaime Benítez, en el Diario de Sesiones de la Convención Constituyente, dijo: “Y quiero decir, señor presidente, que si esta carta de derechos merece la aprobación de la Convención Constituyente, en mi opinión y en la opinión de mis compañeros, ella habrá de ser motivo de satisfacción, de orgullo y de reconocimiento al alto nivel de educación, de civilidad cristiana y democrática, que informa la cultura puertorriqueña”, pág. 1345.

¡Adelante, puesta nuestra confianza en el Dios todopoderoso!

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