Durante décadas, las plataformas digitales operaron bajo una premisa casi inexpugnable: “no somos responsables por lo que publican nuestros usuarios”. La Sección 230 del Communications Decency Act de 1996 les otorgó ese escudo, y lo usaron de forma magistral.
Cada demanda que atacaba contenido dañino, un post, un video, un mensaje, chocaba contra ese muro y moría ahí. El veredicto de la semana pasada en Los Ángeles, California, no derribó ese muro. Hizo algo más inteligente: le dió la vuelta.
La teoría del diseño, product liability aplicada a arquitectura digital, parte de una distinción aparentemente simple pero jurídicamente devastadora: el contenido lo generan los usuarios; el diseño lo decide la empresa. El scroll infinito, el autoplay, los algoritmos de maximización de engagement, las notificaciones diseñadas para crear urgencia compulsiva, ninguna de esas funciones es contenido. Son decisiones de ingeniería. Son el producto. Y los productos defectuosos que causan daño generan responsabilidad. Siempre lo han hecho. Lo que hace a esta teoría extraordinariamente poderosa hacia el futuro es su universalidad. No depende de un post específico, de un video particular ni de un actor externo. Depende de cómo la empresa construyó su plataforma, qué sabía sobre sus efectos, y si advirtió adecuadamente. Esos tres elementos son reproducibles en cualquier jurisdicción, frente a cualquier plataforma, en cualquier caso con un menor perjudicado.
El hallazgo de malicia, que llevó al jurado a imponer daños punitivos, añade una capa aún más significativa. No basta con rediseñar la app después del veredicto. Las empresas que conocían el daño lo midieron internamente y siguieron adelante por razones comerciales, quedan expuestas a una responsabilidad agravada que ningún equipo de relaciones públicas puede neutralizar.
Hay más de 2,000 demandas similares pendientes en Estados Unidos. Este verano, llega el siguiente juicio federal en California. Más de 40 fiscales generales estatales tienen casos activos. La Sección 230 sigue vigente. Pero la grieta ya existe. Y por esa grieta, la distinción diseño/contenido, va a pasar el litigio tecnológico de la próxima década. El paradigma cambió. La industria todavía no lo ha asimilado del todo.
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