Opinión

La legalidad no siempre salva la confianza

Lee aquí la columna del exrepresentante por el PPD, abogado y comunicador

Una foto del representante Jesús Manuel Ortiz junto a su nombre.
Jesús Manuel Ortiz + columnista

La comisión total de esta semana terminó sin una conclusión explosiva. No hubo confesiones, ni admisiones directas de ilegalidad. De hecho, el propio secretario de la Gobernación insistió en que sus respuestas fueron consistentes y que no existía “ningún viso de ilegalidad”. Sin embargo, esa no es necesariamente la vara con la que el país mide la confianza pública.

Tras casi siete horas de interrogatorio, la comisión cerró con algo que, lejos de disipar dudas, parece abrir nuevas interrogantes: múltiples requerimientos de información, solicitudes de documentos y futuras citaciones. Senadores pidieron evidencia para corroborar declaraciones, información sobre contratos, conflictos de interés, vínculos con empresas y hasta expedientes ante la Oficina de Ética Gubernamental. Además, se anticiparon nuevas comparecencias, incluyendo funcionarios y otras figuras vinculadas al asunto.

Nada de eso implica ilegalidad. Pero sí proyecta algo distinto: incertidumbre.

Y en la función pública, la confianza no se pierde únicamente cuando se prueba un delito. A veces, basta con que surjan dudas razonables sobre la transparencia, la prudencia o la honestidad de quienes toman decisiones. Cuando la confianza del país está de por medio, la percepción importa tanto como la legalidad.

La comisión total dejó esa sensación. No porque se haya probado algo ilegal, sino porque todavía quedan preguntas sin contestar. Porque aún faltan documentos. Porque todavía hay personas por comparecer. Y porque el propio proceso, lejos de cerrar el tema, lo prolongó.

Por eso, nadie debería dormirse. La ausencia de ilegalidad no equivale a la ausencia de problemas. La historia política del país está llena de controversias que comenzaron con dudas, no con delitos. Y muchas de ellas crecieron precisamente porque la información llegó tarde o de forma incompleta. Cuando se administra la confianza pública, la apariencia de deshonestidad puede ser tan peligrosa como la deshonestidad misma.

La comisión total no fue el final. Fue apenas un capítulo más. Y todo apunta a que, en esta historia, todavía no hemos visto el último episodio.

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