Luego del espectáculo de medio tiempo del Súper Tazón 60, han surgido muchísimas reacciones al respecto. Algunas de las que he observado y seguido con interés son las de las personas hawaianas. No todas habían escuchado la canción “Lo que le pasó a Hawái” hasta ese día del espectáculo de medio tiempo. La mayoría está de acuerdo con lo que dice la canción y denuncia casos de gentrificación como los edificios que están construyendo en las playas de Oahu. Una de estas personas describe la situación como un monstruo de metal que emerge de las entrañas de las playas de Oahu. Playas a las que ya no tendrá acceso la gente común que allí vive y acostumbraba a visitarlas.
Ahora bien, la ecojusticia (o justicia ecológica), entre otras cosas, es una herramienta que nos permite denunciar una variedad de injusticias y, a la vez, aporta soluciones, ideas y esperanza. Algunos de los temas que se trabajan desde la ecojusticia son la justicia racial, la justicia ambiental (principalmente en aspectos legales), la justicia y resiliencia climáticas, así como la justicia social y económica.
Canciones como “El apagón”, “Una velita”, “Lo que le pasó a Hawái”, “Turista” y “Debí tirar más fotos” de Bad Bunny, de forma simple y cotidiana, tienen una voz de denuncia frente a muchas injusticias que vivimos en Puerto Rico. Injusticias que han tenido eco y reconocimiento en lugares como Jamaica, México y Hawái. Territorios con los que compartimos la historia del coloniaje, el racismo del imperio, la gentrificación por los poderes económicos y más. Pero veamos qué nos dicen algunas de estas canciones sobre la ecojusticia.
Continuemos brevemente con “Lo que le pasó a Hawaii”. Ya mencionamos el tema de la gentrificación — que es un proceso en el cual gente adinerada compra y arregla lugares pobres, creando un nivel de desigualdad económica tal que la gente pobre del lugar se ve obligada a irse porque no puede con el aumento del costo de vida de quienes vinieron a “arreglar” la comunidad, o porque perdió sus propiedades por las gestiones de estas personas y sus intereses puramente económicos. Además de este tema, esta canción aborda la pérdida de tierra —como parte del proceso de gentrificación— y el intento de borrar nuestra cultura por más de 125 años. Los procesos de gentrificación y de desaparición de culturas están siempre relacionados con el racismo, además del clasismo. Por lo que esta canción aborda los temas de justicia racial, económica, social y ambiental.
Mientras tanto, “Una velita” y “El apagón” son una clara denuncia de la crisis energética que han creado la mala administración y la corrupción de todas las “administraciones” de gobierno colonial y federal presentes y anteriores. Ambas canciones denuncian la inequidad estructural que ha creado el gobierno con las empresas privadas, empobreciendo aún más al país, amenazando el sistema de salud y la salud de la gente, así como la vulnerabilidad del país ante cualquier evento de lluvia. Porque ya no tenemos que esperar ni una tormenta tropical para que el sistema falle. En “El apagón”, con frases como “yo no me quiero ir de aquí… que se vayan ellos”, vuelve a tocar el tema de la gentrificación provocada, en este caso, por la ineficiencia gubernamental y de las empresas privadas que tienen a cargo el negocio de la energía eléctrica en Puerto Rico. Así que, como parte de la ecojusticia, estas canciones también tratan temas de justicia climática, ambiental, económica y social.
“Tú solo viste lo mejor de mí y no lo que yo sufría… Viniste a pasarla bien” es parte de lo que aparece y nos dice la canción “Turista”. Ese turismo que viene a “pasarla bien”, a disfrutar de la “pintura y capota” que presenta el turismo capitalista en boga. Ese turismo que no se preocupa por conocer ni un poco de nuestra historia, nuestra cultura, nuestro idioma ni las diferentes situaciones que nos han llevado a ser un país empobrecido, al servicio de quien pueda pagar. Ese turismo disfruta de nuestra comida, pero no tiene idea del nivel de inseguridad alimentaria que vivimos a diario ni de la baja producción agrícola, porque dependemos mayormente de las importaciones. Esta canción, basada en la historia de un romance superficial, es una crítica a nuestra situación colonial y a cómo esta repercute en las crisis socioeconómicas, políticas, de salud y ambientales, entre otras.
Quizá nos quedamos en la historia del amor superficial y fallido y no logramos ver un poco más allá, esas críticas y denuncias presentes en estos temas. Quizá nos quedamos en el paseo a la playa a la que no pudimos entrar y regresamos pensando que nos quieren quitar el río y también la playa y no supimos decir presente en aquella marcha pidiendo que no la privatizaran. Quizá estuvimos trabajando el fin de semana ayudando a mudar a la abuelita, que quieren que se vaya, y no pensamos en lo orquestado que tienen el proceso de gentrificación del país. Quizá debamos tirar más fotos porque, en mi caso, la mayoría de los míos ya se mudaron. Y así, en el día a día, entre canción y canción, vamos escuchando y haciendo nuestras las denuncias de las injusticias, a la vez que las esperanzas que nos trae la ecojusticia en ese espectáculo de medio tiempo de un súper tazón de febrero.
