Opinión

¿Condiciones infrahumanas?

Lee aquí la columna de la periodista.

columnista
Dennise Y. Pérez

¿Condiciones infrahumanas?

Es eso, ¿o pobreza que solo vemos cuando llega la Policía?

Puerto Rico despierta con titulares que hablan de menores rescatados de “condiciones infrahumanas”. La frase es fuerte y despierta imágenes de abandono, de negligencia criminal, de escenarios que rayan en la tortura. Hay casos que lo son. Hay otros que nos obligan a detenernos y no solo a indignarnos, sino a preguntarnos si estamos realmente ante condiciones infrahumanas, o frente a pobreza extrema que el estado nunca vio hasta que llegó con una orden de allanamiento.

Muchas de estas historias no comienzan con una llamada al Departamento de la Familia. Comienzan con una investigación criminal,con un operativo de drogas, con un arma de fuego ilegal y con la sospecha de actividad delictiva dentro de un hogar. Y en el proceso de que las autoridades busquen evidencia para un caso penal, descubren otra realidad, Descubren uno o más niños durmiendo en colchones sin sábanas, falta de alimentos, acumulación de basura, infraestructura deteriorada, hacinamiento, caca de animales...

Entonces, para mí, todo cambia. Lo que era una escena policiaca se convierte en una escena totalmente distinta. Lo que motivó la entrada fue un alerta de armas o drogas, pero lo que termina captando la atención pública es la vida de los menores dentro de esa vivienda.Y eso es peligroso. Porque no es lo mismo criar a un menor en medio de pobreza severa que someterlo a maltrato intencional. No es lo mismo la negligencia criminal que la incapacidad estructural. No es lo mismo el abandono que la sobrevivencia en condiciones que el Estado ha permitido que existan durante años sin intervención efectiva.

Sí, hay casos donde la presencia de drogas y armas al alcance de la mano constituye, por sí sola, una forma de maltrato. Donde el riesgo es inminente y la remoción del menor es urgente y necesaria. Pero también hay otros donde la precariedad material es resultado directo de una pobreza que sobrepasa generaciones, de desempleo crónico, salud mental no atendida, o la ausencia total de redes de apoyo, desigualdad.

¿En qué momento decidimos que la pobreza es, en sí misma, evidencia de maltrato? Ah, no, pero tiene que llegar la Policía. ¿Cuántas de estas familias nunca estuvieron en el radar de trabajadores sociales, escuelas, centros de salud primaria o programas comunitarios?

La palabra “infrahumanas” tiene consecuencias graves. Lo sé porque lo he vivido a través de personas que conozco y que amo. Activa procesos judiciales y justifica remociones que ahora le llaman “rescates”. Alimenta la percepción pública de que hay padres y madres que son monstruos cuando, en algunos casos, lo que hay son ciudadanos abandonados por las estructuras que debieron darle la mano mucho antes de que llegara la Policía.

No pretendo romantizar la pobreza ni minimizar el deber del Estado de proteger a menores en riesgo. Pero sí pienso que toda esta epidemia social exige un análisis más honesto de cómo y cuándo intervenimos.

Si la primera vez que el Estado entra a tu casa es con una orden de allanamiento, probablemente ya llegamos demasiado tarde.

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