Hoy en día, los videojuegos y las redes sociales forman parte de la vida cotidiana de nuestros niños y adolescentes.
Estos espacios digitales pueden ser herramientas de entretenimiento, aprendizaje y socialización, pero también pueden convertirse en escenarios de riesgo cuando no se utilizan con orientación y supervisión adecuada. Debemos tener muy presente que el crearle una cuenta en las redes sociales tiene múltiples implicaciones, estamos permitiendo que extraños influencie en ellos con contenido, pudiera ser opiniones en distintas maneras. Esto sin hablar de los riesgos y peligros.
Uno de los peligros más serios y menos visibles es la presencia de depredadores sexuales que utilizan plataformas digitales para acercarse a menores de edad.
Estos individuos no actúan con violencia inmediata; por el contrario, suelen ganarse la confianza de sus víctimas de forma gradual, haciéndose pasar por amigos, compañeros de juego o incluso por otros niños. Por tal razón un consejo importantísimo es que permitas la interacción de amigos reales que sean conocidos, ya sea amigos de su escuela o amigos que practiquen algún deporte con ellos.
Quizás la más importante herramienta de protección es la comunicación. Los padres deben crear un ambiente de confianza donde los hijos se sientan seguros de hablar sobre cualquier experiencia incómoda que enfrenten en línea, sin temor a castigos o reprimendas. Muchas veces compartir con ellos en sus video juegos por unos minutos puede ayudar a estrechar esos lazos de confianza. Recuerden que el silencio es el mejor aliado del depredador y mientras mas confianza tengamos con nuestros hijos mucho mejor.
Es fundamental que los menores entiendan que en internet no todas las personas son quienes dicen ser. Detrás de un avatar, una foto o un nombre atractivo puede esconderse un adulto con malas intenciones. Por eso, nunca deben compartir información personal como su nombre completo, dirección, escuela, número de teléfono, ubicación o fotos privadas.
Otro patrón común de los depredadores es ofrecer regalos digitales, monedas del juego, “skins” o ayuda para avanzar de nivel. Estos incentivos no son inocentes: son mecanismos de manipulación diseñados para crear dependencia emocional y control.
De igual forma, se debe evitar cualquier conversación privada o secreta, especialmente cuando se intenta mover la comunicación a otras plataformas como WhatsApp, Discord o Instagram, importantísimo enfatizar en que ninguna de ellas están diseñadas para niños o niñas. De hecho estas plataformas facilitan la destrucción de mensajería y carecen de sistemas avanzados de moderación y detección de leguaje o conducta inapropiada.
Una regla clara que todo menor debe conocer es que ningún adulto legítimo le pedirá guardar secretos, mucho menos si estos implican conversaciones privadas, imágenes o llamadas. El pedido de secreto es una señal de alerta inmediata, por eso papa y mama establece reglas claras de uso de dispositivos electrónicos.
Desde el hogar, los padres pueden reducir riesgos configurando controles parentales, limitando los chats, ajustando la privacidad de las cuentas y supervisando el uso de consolas y computadoras en áreas comunes. No se trata de espiar, sino de acompañar y educar.
Finalmente, es esencial enseñar a los niños a bloquear y reportar cualquier usuario que haga preguntas personales, utilice lenguaje sexual, emojis sugestivos o intente generar incomodidad. Ante cualquier duda, la recomendación siempre debe ser la misma: hablar de inmediato con un adulto de confianza.
La protección de nuestros hijos en el mundo digital no depende solo de la tecnología, sino del compromiso, la atención y la educación que les brindemos como sociedad. Prevenir es una responsabilidad compartida que comienza en casa.
