Opinión

De la Ingeniería de la Frustración a la Ingeniería de la Eficiencia

Lee aquí la columna del vicepresidente de Proyecto Dignidad

Luis Yordán + columnista
Luis Yordán + columnista

En mi columna anterior, analizamos cómo la gestión de LUMA Energy se ha convertido en una “ingeniería de la frustración”, un sistema donde el dinero “sobra” (como los $100 millones para obra que tuvieron que ser devueltos), pero la ejecución falta, y donde el mantenimiento se sustituye por excusas. Sin embargo, el problema energético es solo un síntoma de una enfermedad más profunda en el diseño de nuestro país. Para sanar a Puerto Rico, debemos movernos hacia lo que se le llama la Ingeniería de la Eficiencia, empezando por el rediseño total de nuestra estructura municipal.

Ninguna corporación puede sobrevivir si está dividida en 78 departamentos independientes, cada uno con su propio gerente, contable, departamento de compras y asesores, compitiendo por los mismos recursos escasos. Eso es Puerto Rico hoy: 78 pequeñas maquinarias burocráticas intentando operar en una isla de apenas 100 por 35 millas. Es importante entender que este diseño no fue pensado para la eficiencia de hoy en día, sino que es una reliquia del siglo 19. En aquella época, los municipios se fundaban bajo la lógica del transporte a caballo, donde un ciudadano debía poder salir de su casa, llegar al casco urbano para hacer sus trámites y regresar antes de que cayera el sol. Hoy, en la era de la fibra óptica y las autopistas, Puerto Rico sigue amarrado a una geografía administrativa diseñada para la velocidad de una carreta. Es un diseño fallido, costoso y obsoleto.

La propuesta de Reingeniería del Gobierno, establecida en el Plan de Gobierno 2024 de Proyecto Dignidad, es clara, y se basa en los siguientes pilares técnicos que todo buen administrador debe comprender:

  1. Descentralización y regionalización: El plan propone una “reingeniería de las operaciones” para mover el poder del gobierno municipal hacia unas nuevas entidades regionales. No se trata de eliminar la identidad de nuestros pueblos, sino de una reingeniería administrativa que consolide los 78 municipios en unas entidades regionales modernas para que el servicio llegue directamente al ciudadano sin pasar por el embudo de la burocracia estatal central. Esto también produciría unas economías de escala, ya que no es lo mismo que 78 municipios compren, por ejemplo, asfalto por separado, a que varias regiones negocien contratos masivos con mayor poder de compra.
  2. Especialización por zonas de producción: El plan se fundamenta en Pilares de Desarrollo que son los sectores económicos que sostienen el Producto Interno Bruto (PIB) del país. En el plan, se definen las áreas donde Puerto Rico tiene ventaja competitiva, como por ejemplo, la manufactura (especialmente biofarmacéutica y dispositivos médicos), el turismo, los servicios profesionales y la economía del conocimiento (tecnología y R&D). Estos actuarán como la base económica de cada región. Estos Pilares se conectan con las regiones ancla, que son regiones con infraestructuras clave ya existentes —como aeropuertos, puertos de carga, centros médicos especializados o complejos industriales— que sirven de motor para los pueblos vecinos. En lugar de 78 municipios compitiendo entre sí por la misma fábrica o el mismo hospital, tendríamos unas regiones optimizando su ‘output’ (desempeño) económico según la fortaleza de sus pilares y la capacidad de sus anclas. Esta es la base de la eficiencia, optimizar cada región según su capacidad geográfica real y sus activos existentes.
  3. Métricas de rendimiento: En lugar del ‘media show’ (espectáculo mediático) político que hemos tenido en las pasadas administraciones, el plan aboga por una administración basada en la transparencia y la rendición de cuentas. Como en cualquier proceso industrial, si un sistema no produce resultados medibles, debe ser rediseñado.

Puerto Rico debe dejar de ser un archipiélago de municipios quebrados para convertirse en una sola región económica potente. El mayor obstáculo no es la falta de dinero, sino la resistencia de quienes prefieren mantener feudos electorales antes que un país funcional. No podemos seguir operando con un motor de 1800 en una realidad de 2026. La Ingeniería de la Eficiencia nos exige la valentía de implementar esta reingeniería administrativa. Como bien señala el programa de gobierno de Proyecto Dignidad, el objetivo es crear una “Tierra de Oportunidades”, pero eso solo será posible si ajustamos el diseño de nuestra maquinaria institucional antes de que el deterioro natural del sistema tome la decisión por nosotros. Es hora de dejar de parchar el pasado y comenzar a diseñar el futuro.

La realidad nos está dando en la cara, y como en todo proceso de ingeniería, si no ajustamos el diseño cuando el sistema falla, el colapso es inevitable. Es hora de rediseñar a Puerto Rico.

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