Opinión

Esta es mi escuela…y yo la quiero y la defiendo

Lea la columna del periodista Julio Rivera Saniel

Metro Puerto Rico

En tiempo reciente el Departamento de Educación ha revivido una campaña gloriosa, llena de nostalgia. Era un niño cuando se hizo popular por allá por la década de 1980. “Esta es mi escuela, y yo la quiero y la defiendo” cantaba la voz del anuncio (que según mi recuerdo era la mismísima Lunna) mientras se veía a un grupo de alumnos caminar orgullosos por su plantel escolar tomando en sus manos la tarea de proteger y embellecer su lugar de estudios. Para quienes vivimos aquella época la escena se volvió mítica. Una oda al compromiso con la escuela. Un llamado a hacerla suya y protegerla. La presente administración echó manos de la campana y se la presentó a las nuevas generaciones en una nueva serie de cuñas publicitarias que apostaban, de seguro, a revivir aquel sentimiento de compromiso con los planteles escolares.

Poco imaginaría el Departamento de Educación que aquel famoso estribillo tomaría forma de activismo. ¿El arma? La red social Tik Tok. Desde ella, un grupo de alumnos de la Escuela Superior Luis Felipe Crespo mostraban las imágenes de los baños, la cancha y otras áreas en pésimas condiciones. Las fuentes de aguas adquiridas durante la pandemia, inservibles. La denuncia se hizo viral, pero la reacción del Gobierno dejó mucho que desear.

En lugar de aceptar la situación captada por las imágenes, la oficialidad del Departamento de Educación decidió antagonizar con los alumnos. Ignorar lo evidente. Plantear que sus reclamos, aunque respaldados por imágenes y testimonios, era falso y probablemente malintencionado. Seguro motivado por la oposición, pensarían aquellos que asesoran desde la idea de que el mundo es rojiazul y que cualquier crítica debe ser vista desde las gafas del partidismo. Como era anticipable para cualquiera que veía los reclamos desde “afuera” el favor de la prueba pesó a favor de los estudiantes que no solo se reafirmaron en sus denuncias y rebatieron con datos las posturas del Departamento, sino que motivaron toda una oleada de nuevos videos. Todos comenzando con aquella frase de “El uniforme completo jóvenes”, en clara referencia a que a los alumnos se les exige presentarse vestidos con el uniforme pero las escuelas pueden darse el lujo de no cumplir con su parte del acuerdo: planteles en buen estado, aptos para cumplir con el esperado proceso educativo en condiciones.

Entonces, ¿ahora qué? ¿Todos son mentirosos? ¿O es que acaso quién miente es el Estado?

Luego de varios días de silencio en los que no estuvo disponible para reaccionar al contenido de los videos, a secretaria de Educación, Yanira Raíces, se unió al discurso contra los alumnos. Probablemente, como ha pasado con otros secretarios, desde el desconocimiento y la información a medias que le brindan sus asistentes y el personal regional. Después de todo, ningún secretario o secretaria puede estar en todas las escuelas del país y, descansan en la información que les llevan sus personas de confianza.

Es este caso, lo dicho por la titular de la agencia apuntaba a que los alumnos mentían. Aseguraba que ella había visitado a manera de sorpresa la escuela eje de las denuncias para constatar que todo estaba en orden. Que contra los estudiantes no habría consecuencias negativas o represalias. Pero el lunes en “Pega’os en la mañana” por Radio Isla 1320 la presidenta de la clase graduanda aseguró que de visita sorpresa hubo poco. Que antes de la llegada de la secretaria se le adelantó una comitiva de cinco vehículos y una brigada que reabrió los baños y puso la escuela en condiciones justo a tiempo para la llegada de la Secretaria. Que las represalias ya se habían producido con la cancelación de las actividades del Día de San Valentín y un par de “color days” para recaudar fondos. En fin que la versión oficial quedaba en entredicho. ¿Y que ganaba con ello el Departamento? Fuera de una nueva ola de críticas, muy poco. La constatación que muy pocas veces el Estado admite sus faltas y propone enmiendas. Que para querer y defender la escuela hace falta mucho más que una campaña publicitaria. Por lo menos, admisión de faltas y propósito de enmendarlas. Que no hay sistemas infalibles. ¡Claro que no! Pero los problemas se resuelven sólo después de admitir que existen.

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